La simbología numérica de las misas de difuntos. 1600
Creo que las dificultades para un heterodoxo religioso serían casi
insalvables en el Xerete de 1600. No solo se trataría de las pautas que marcan
la vida de las personas hasta que fallece (incluso después), sino también del
marcaje que ejercen los vecinos y las instituciones sobre ese individuo.
Nacer en el seno de la Iglesia católica a través del bautismo, recibir su
confirmación, casarse y velarse en matrimonio bendecido como el único legal,
(lo contrario condenaría social y espiritualmente a su descendencia, si eres
pobre y humilde), y por supuesto, recibir los Santos óleos de confesión
extremaunción en el paso a la otra vida, son el marco ideal de control que
ejerce la Iglesia sobre los fieles.
Casi seguro que no habría dudas. Los axiomas taxativos y enérgicos emanados
de Dios a través de su Iglesia terrenal obligarían, con el mínimo de quejas, a
asumirlo.
Dentro del sinfín de elementos de los que se valía la Iglesia católica para
imponer su dogma y verdad hay uno que me llama la atención. Cuando las personas
hacen su testamento, en muchos casos postrados y enfermos en su cama, utilizan
una fórmula que el escribano repite y que corresponde claramente al
posicionamiento de la autoridad eclesiástica resultante del Concilio de Trento,
el ordinario nuevo.
Que se incluya toda esta declaración de fe en el trance final en el
testamento no es más que una manifestación, un posicionamiento asumido de los
principios religiosos de la Iglesia romana. Es un acto de fe.
También se da en el caso de fallecimientos sin testar. En estos casos son
los padres o parientes quienes se conciertan en hacer un sepelio y funciones,
después ya de enterrado el difunto, ante el cura y el escribano obligándose con
la consiguiente acta notarial.
Y aquí es donde me voy a centrar. La salvación espiritual de estos
jerteños.
En su creencia hacia una vida eterna había que agilizar el tránsito por
el purgatorio. Se supone que nadie, excepto los muy santos, irían
derechos al cielo. La mejor manera de acortar esa estancia era contribuir con
oficios religiosos celebrados en nombre del difunto. Se trataba de una
tradición que venía desde la Edad Media y que había perdurado en los templos
católicos por siglos. Y aunque en algún testamento se manda cantidades
importantes de misas rezadas y que se hagan en los conventos donde más rápido
se digan, hay casos que confirman lo contrario. No son extraños los que, ya en
el XVII especifican quienes tienen que decir el novenario o algunas misas.
Incluso que se digan obligatoriamente en Jerte: “y mas mando que todas las
misas que hasta aqui llevo mandadas se digan en este lugar y sino se pudieren
dezir todas en un año se digan en dos años y las que no se dijeren en xerte que
no se le paguen” (Ana Bernal, 1633).
Al estar tan solapado lo religioso y lo civil quedan reflejados en el
documento de escribanía el testamento literal. En siglos posteriores
simplemente se entrega una hijuela al cura con la parte tocante a los oficios
religiosos que había dado el testador. Una cosa que llama la atención es
la simbología numérica que se emplea en las misas y oficios de
difuntos. Se trata de números cabalísticos, de tradición muy anterior a la fe
católica, pero que esta asume sin complejos adaptándolos a sus creencias.
Tomando ejemplos de testamentos reales en el marco de 1600 en Jerte voy a
ir comentando el significado de ese número de misas.
Casi había un número para cada cuestión. Y lleno de simbología, fáciles de
recordar.
Misas fundamentales e ineludibles. El número 1.
Como elemento único.
1 misa de entierro con las diferentes variantes.
“que el día de mi fallecimiento me hagan su entierro todo enteramente con
las misas del entierro y funeral conforme se acostumbra por el ordinario nuevo”
(Juana Sánchez, viuda de Domingo Zancudo, 15/12/1600)
1 misa de cabo de año.
“Ítem, mando que en cabo del año me digan una misa solemne como la de
entierro, con tres nocturnos, letanías y responsos, y den velas como el día del
entierro” (Catalina Ximénez, 1612)
Misas de bloque. Se mandan más de una misa en el contexto de una
advocación.
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Nº misas |
Significado |
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3 |
La creencia en la Santísima
Trinidad, número tres por antonomasia. Incluso hay testamentos que
arrancan con esta fórmula: “En el nombre de la santísima trinidad padre y
hijo y espíritu santo tres personas y un solo dios verdadero sepan todos los
que la presente escritura de testamento e ultima y postrimera voluntad
vieren…” (Juan Beato el viejo, 8/11/1599). |
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4 |
Los 4 altares de la
parroquia. Esta manda es de carácter local al tratarse de los altares
colaterales: de Nuestra Señora del Rosario, el de san Gregorio (que incluye
además las imágenes de Cristo Resucitado, san Juan Bautista y de san
Sebastián), el del Cristo Crucificado (de la Pasión) y el del Nombre de
Jesús. |
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5 |
Se mandan en honor de las 5
llagas que padeció Cristo en la pasión en el madero. “en
reverencia de las çinco llagas que nro Redentor padeció en la cruz” (Juan
Beato el viejo, 1599) |
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6 |
Las misas a san Dionisio.
“conforme a la historia y ofrendadas cada misa con un bodigo y una
candela” (Juan Beato el viejo 1599) Debían ser solemnes “cantadas
y ofrendadas” (Juana Sánchez, 1600) |
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7 |
Es curioso como en otras zonas el
siete, número cabalístico por antonomasia, se asigna a las 7 misas por
los gozos de la Virgen, pero con la fuerte connotación hebrea del
número de brazos del candelabro, quizás aquí no esté bien visto. |
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9 |
Casi siempre se realiza un novenario tras
el fallecimiento. |
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11 |
Por las 11.000 vírgenes.
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12 |
Siempre con el sentido de
los 12 apóstoles. En alguna ocasión se mandan 12 misas a celebrar
en los doce meses. “doce a los doce apóstoles de nuestro señor Jesucristo”
(Madalena Hernández, mujer de Gonzalo Francisco, 1600) |
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13 |
Misas de consolación “…que
me digan las trece misas de consolación porque Dios consuele y ampare mi
ánima” (Ana Ximénez, viuda de Juan Méndez, 1600) |
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33 |
Misas de san Amador.
En diferentes zonas y reinos por la misma advocación se celebraban en honor a
san Amador 31, 32 o 33 misas rezadas. “Ítem, mando que me digan
treinta y tres misas en reverencia de los treinta y tres años que Nuestro
Redentor estuvo en este mundo, padeciendo trabajos y dolores por remediar el
Género Humano” (Catalina Ximénez, 1612) |
Excepto las 6 misas de san Dionisio (que al fin y al cabo es la mitad
de los 12 apóstoles), y las de carácter local (4 y 12) vemos que los números
que priman son impares. Números cabalísticos.
Misas específicas.
Son las que se mandan a santos, vírgenes o cristos concretos.
·
No suele faltar una a su patrón/patrona como abogado/a.
“Ytem que me digan una misa a señor san Francisco mi patrón y abogado…”
(Francisco Montero, 20/12(1600)
“Ítem, que me digan otra misa a Señora Santa Catalina de Alejandría virgen
y mártir, mi patrona y abogada” (Catalina Ximénez, 1612)
·
En este sentido el abanico puede ser muy amplio y difiere mucho de un
testamento a otro. Entre los nominados están: san Pedro, Santísimo Sacramento,
Ntra. Sra. De la Asunción, san Juan, santa Catalina, santa Úrsula, san
Francisco, san Antonio de Padua, san Gregorio, san Miguel, san Marcos, san
Bartolomé arcángel san Gabriel…
·
Imprescindible al ángel de la guarda.
·
Casi nunca debe faltar una misa en el altar de Indulgencia en
Plasencia. Este altar en la iglesia Mayor (catedral) aparece en muchas
ocasiones. Pero si tarda en celebrarse se apunta la posibilidad de que sea en
san Francisco. A veces se llega a decir 3 misas de indulgencia, siempre en
Plasencia, en la catedral, san Francisco y santo Domingo.
“Ítem, mando que me digan tres misas en Plasencia, una en Santa María la
Mayor, y otra en San Francisco y otra en Santa, en los altares de Indulgencia”
(Catalina Ximénez, 1612)
·
Misas excepcionales o nada frecuentes. Son aquellas que están ligadas al
origen de quien la manda. Un ejemplo son las 4 misas que Madalena Hernández,
mujer de Gonzalo Francisco, manda decir a la Virgen de Piedras Albas [1]
(de Cabezuela). Amén de un sinfín de misas y oficios funerarios manda ropa y
otros enseres a sus hermana y sobrinas (de apellido Fraila). Casi al final del
testamento, al instituir a su universal heredera a su madre, se comprende la
manda a Piedras Albas: “a María Hernández mi madre vecina del lugar de
Cabezuela…”1600.
|
[1] Se trata de la patrona de
Cabezuela del Valle la Virgen de Peñas Albas. Habría que conocer si en
escritos de Cabezuela aparece con esta expresión en esas fechas de 1600. Pero
es evidente que Madalena Hernández era natural de Cabezuela, se avecindó en
Jerte al casarse con Gonzalo Francisco, y su madre María Hernández natural y
vecina de Cabezuela seguía residiendo allí. |
Concluyendo podemos diferenciar claramente entre las misas concretas de
carácter más individual y que dan un sentido personal al testamento, y aquellas
que responden a esos números asociados a santos o aspectos religiosos que se
repiten en muchos de los escritos. Cantidades cargados de simbología,
fácilmente asumidos por los creyentes y que facilitan la realización de esos
oficios funerarios, conducentes a la salvación del alma y a acortar la estancia
en el Purgatorio. Sin comprender esa mentalidad difícilmente podemos acercarnos
a comprender la historia de esos jerteños de hace más de 400 años. ¿Cómo si no
podríamos entender que para pagar los oficios de entierro en varios casos sea
necesario vender alguna propiedad del difunto? ¿Cómo se podría entender la
carga perpetua que algunos hacen sobre una heredad para que se digan por su
ánima (o la de sus deudos) una o dos misas anuales para siempre jamás?
No se trata de cuestionar nada, sólo de aproximarnos e intuir la forma de
vida y pensamiento de nuestros antepasados en nuestro pueblo.
Y la importancia simbólica de los números en ese imaginario colectivo y
religioso.
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