La construcción del Humilladero (2)
La ermita
del Humilladero de Xerete, la misma que hoy es la del Cristo del Amparo, se
empezó a hacer en mayo de 1599.
Esa es la
fecha que se da en el “concierto del Humilladero”, cuando se firma el
contrato para su construcción.
Gracias a
este documento podemos conocer de primera mano bastantes datos sobre esta
edificación. Las fechas, los costes previstos, el motivo que induce a
levantarla, los verdaderos promotores, los constructores, las condiciones, los
pagos…
El contrato
o concierto se realiza en Jerte a “once días del mes de mayo de mil e
quinientos y noventa y nueve años”. Lógicamente ante “Francisco
García, escribano del concejo del dicho lugar por merced de su majestad”
y los testigos que se indican al final del escrito: el doctor Arias Varas,
cura de Jerte, Martín Montero y Juan Díaz.
Se establece
una serie de compromisos por las dos partes.
De una, los constructores:
-
Juan Alonso carpintero, vecino de la villa de Tornavacas
-
Gaspar Rodríguez cantero, vecino del lugar de Gil García, jurisdicción de la villa
del Barco
De otra:
-
Juan Martín del Guijo
-
Baltasar Martín alcalde
“vecinos
de este dicho lugar de Xerete comisarios nombrados por la cofradía de señor
san Marcos de este dicho lugar”
El motivo
por el que se realizó, o por lo menos el que dio inicio a ese trabajo, fue que
esa cofradía había “dado voto que dos toros que tiene (…) se gasten en
hacer un umilladero”.
Juan Alonso
y Gaspar Rodríguez convienen en hacerlo “por precio e cuantía de 20.800
maravedís pagados en cuatro pagas”. Pagas que luego se detallarán más
adelante.
El lugar
también queda determinado en el contrato: “el cual dicho umilladero han de
hacer en cima del lugar en la parte y lugar que se les señalare”.
Como la
edificación abarca dos elementos fundamentales, la obra de piedra (muros y
vanos) que realizará el cantero, y el cerramiento de techado y puertas, que
realizará el carpintero, ambos, de mancomún se comprometen a realizarlo. Para
poder hacer frente a cualquier contratiempo se requiere de alguien que los
avale y se mancomune con ellos. Éstos “dieron por su fiador a Francisco
García el viejo, vecino del dicho lugar que presente estaba”. De
esta forma los que suscribían y aceptaban realizar la construcción con las
condiciones eran los tres: cantero, carpintero y Francisco García el viejo como
avalista, “como su fiador e principal pagador e cumplidor”. Este jerteño
es conocido en bastantes documentos de esa época.
Se señala
después de “la forma y manera siguientes” cómo se ha de realizar.
Primero la
obra responsabilidad del cantero.
El modelo
que toman a seguir en la construcción es la ermita del Humilladero “que está
de debajo del lugar de la Esperilla” (Asperilla) una
población hoy completamente abandonada y destruida, aunque conserva algunas
ruinas. Su ermita del Humilladero debió llamar la atención de los jerteños de
camino a Plasencia para servir de patrón a la ermita jerteña. Se toman las
mismas medidas y la planta que tenía el modelo “ha de llevar el compás de
ancho y largo y alto”. De haberse conservado ambas, podríamos hoy
conocer el paralelismo de las dos y las modificaciones que se hicieron más
tarde en la de Jerte.
Las paredes
se harán de “mampostería” y “las esquinas de cantería labrada
piconada”.
Se
realizarán “dos portadas a donde se la señalaren, la una de
cantería y la otra de arco de ladrillo”. La de cantería se
correspondería con la principal. La otra, más sencilla, coincide con la lateral
de la sacristía actualmente. Si la sacristía fue posterior, tendría sentido que
esta fuera la segunda portada que se pide hacer.
“Y dos
ventanas de cantería a la traza del mismo del Esperilla”. Una ventana, al
menos sería la que se mantiene en el lateral hacia la sacristía. Tiene todos
los requisitos. La otra podría haber estado en la zona donde se ubica hoy el
cristo el Amparo. Por un sentido de orientación. En verano entraría la luz casi
desde primera hora de la mañana por esta posible ventana. La otra opción
enfrentada a la ventana que se conserva no parece probable por dos razones: una
porque no se aprecia que se haya modificado el muro para cerrar el vano y
habrían permanecido allí la cantería que la enmarcaba, y la otra por la
dirección norte-noroeste de la misma, justo en la dirección de vientos fríos de
la sierra. La ventana hoy desaparecida permitiría mejor iluminación natural y
menos frío en el interior de la ermita.
Posiblemente
la ermita original estuviera algo elevada sobre el terreno, porque dicen que “en
las portadas se han de hacer sus puertas de escalera entera”.
Incluso el
aspecto queda bien especificado. “Revocadas las paredes por de fuera con cal
e piedra vista”, más o menos como está ahora. “Y por de dentro encalado
cortado de cantería de una cinta”.
Respecto a
las tareas del carpintero hay algunos términos que desconozco o resultan
confusos. Pero es evidente que los cuartones debían estar labrados, parejos en
su disposición, “el maderamiento se ha de hacer de sus cuartones y mundillos
guarnecido de cinta y saltino y ha de ser obra de par y mudillo”. Eso en el
interior. Para el exterior, el tejado volaría de la pared y los cuartones que
salen afuera estarían labrados y rematados por alguna labor. “Y por la parte
de afuera su tijero con sus canecillos que vuelen a la redonda”.
En este
apartado del carpintero es donde se especifica todo lo relativo al tejado: “se
ha de tejar y encalar cumbreras y caballetes y han de echar sus canales en
macizadas de cuatro en cuatro una y a la redonda sus boquillas encaladas”.
Tanto la cumbrera como todos los laterales debían estar recibidos con cal (el
cemento de la época) y para sujeción de las tejas cada cuatro hileras también
tenían que estar recibidas. La pretensión era hacer un tejado firme y seguro.
También
tendrán que hacer “un altar de mampostería encalado”.
Las
especificaciones siguen concretando la cuestión de los materiales y la mano de
obra.
-
“se
le han de dar todos los materiales y peones para darles recado,
de suerte que no han de poner mas de sus personas y sus herramientas
para todo ello”
-
“así
mismo les han de dar abiertos los cimientos”
Los plazos
que se daban eran excesivamente exigentes y cortos. Se estaba firmando el 11 de
mayo y “Juan Alonso y Gaspar Rodríguez se obligaron a hacer el dicho
umilladero y dar el acabado para el día de Nuestra Señora de Agosto
primera que vendrá de este presente año de 1.599” pero especificando
“dándoles recado y materiales”. Las intenciones eran buenas y se
alargarían un poco más, como veremos.
Ante tanta
premura se indica incluso cuando comenzarán a hacerla. “le comenzarán el
lunes de la semana venidera que se contarán 17 días de este mes de mayo y
no alzarán mano de él hasta que se acabe”. La idea era clara, hacerlo bien
y cuanto antes, para la fecha fijada. No debían abandonar la obra por otra y
dedicarse a tiempo completo a ella. La clausula siguiente les condiciona a los
constructores, “so pena que a su costa puedan buscar oficiales que le hagan
e acaben donde los hallaren, caros o baratos”. Pero podría no ser culpa de
ellos por la falta de material o peones, por lo que también se añade “que si
no les dieren recado y materiales que no sean obligados a le dar acabado y
hecho hasta que le den los dichos materiales y peones”.
Después de
todas las fórmulas de renuncia al derecho que hacen, y la obligación de sus personas
y bienes, muebles y raíces, habidos y por haber… (como en tantísimos
documentos) se obligan a “que harán e acabarán el dicho umilladero según e
de la manera que de suso va declarado, bien hecho e bien acabado, de buena obra
a vista de oficiales, siendo necesario donde no, que la vuelvan a hacer a su
costa e misión”.
Por su parte
los comisionados por la cofradía de san Marcos de Xerete, Juan Martín del Guijo
y el alcalde Baltasar Martín, de forma mancomunada, renunciando a los derechos,
etc, etc… se comprometen a pagar los 20800 maravedís a Juan Alonso y Gaspar
Rodríguez, “o a quien su poder hubiere”, “de esta manera”:
-
“la cuarta parte que son 5.200 maravedís, luego como se comience
la dicha obra”
-
“y a otra cuarta parte cuando estén las paredes del dicho
Humilladero acabadas de hacer”
-
“y la otra cuarta parte, que sea tercera paga, cuando esté la meatad
de la obra del maderamiento hecha”
-
“y la cuarta e última paga de que esté hecho e acabado el dicho
Humilladero”
“de
suerte que cada paga ha de ser de 5.200 maravedís, los cuales les darán e
pagarán llanamente, sin poner excusa ni dilación alguna a los dichos plazos, so
pena de les dar e pagar todas las costas e daños perdidos e menoscabos que sobe
la dicha razón se les rescrecieren a la causa”.
Prosiguen los
protocolos notariales de renuncias y obligaciones, derechos y ordenamientos,
hasta concluir con los tres testigos de rigor en cada escritura.
Las firmas
de documento so por este orden:
Francisco
García el viejo (como fiador del cantero y del carpintero)
Doctor Arias
Varas, cura propio de Jerte, como testigo y en nombre de los otros dos
testigos: Martín Montero y Juan Díaz.
Y Francisco
García escribano, con su característico: “pasó ante mí”
También la
percepción de sus derechos “dos reales con la ocupación”.
Creo que el
documento aclara bastante las preguntas que nos habíamos hecho en una entrada
anterior.
Nos
podríamos preguntar, ¿pero se hizo y en los plazos señalados?
Sí se hizo,
aunque duró un poquillo más.
Donaciones
para la construcción del Humilladero.
A lo largo
de ese 1.599, al rastrear los testamentos con fecha posterior a mayo, vamos
encontrando un rosario de aportaciones con mandas específicas a la construcción
del Humilladero que se estaba construyendo en ese momento. Sin embargo, en los
anteriores a esa fecha no aparecen donaciones expresas a la obra. Un ejemplo
sería el testamento de Leonor de Vargas, de buena familia, que no aporta nada y
se dio el 17 de febrero de 1599.
La siguiente
lista de testamentos, ubica con precisión las fechas de construcción, aportando
datos de quienes podían dedicar ese donativo para la obra.
-
Ana
Donaire, mujer de Pedro Martín Trabado, es la primera, que yo haya encontrado,
que deja una cantidad al Humilladero para su obra, “a la obra del
Humilladero que en este lugar se hace, 6 reales”. Parece poca cosa, pero la habitual era dejar
medio real a la iglesia, otro medio a la Magdalena, otro medio al hospital del
pueblo y ocho maravedís a las obras pías y rescate de cautivos. Además, pide
que se la entierre “en la nao hondonera junto alas andas de seños san Marcos”.
Curioso porque es la cofradía de ese santo el que toma la iniciativa de la
construcción aportando el dinero de los dos toros.
En la fecha
prevista no se terminó y encontramos tres testamentos de octubre que dejan
algunas cantidades.
-
María
García, viuda de Francisco Montero, “para la obra del Humilladero que está
comenzando a hacer es este lugar, 2 ducados para le acabar”. Es el 6
de octubre de 1599. 2 ducados son 748 maravedís. No viene mal intentar dar un
empujoncillo para concluir las obras.
-
Juan
Beato el viejo, marido de Catalina González, deja 11 reales (374 maravedís) “para
la obra del humilladero que se está haciendo en este lugar”. Es el 8 de
octubre del mismo año.
-
Domingo
Zancudo deja 10 reales (340 maravedís) en los mismos términos, el 9 de octubre.
Desconozco
si hubo más testamentos en fechas posteriores de ese año, pero ya a inicios del
1600, sin terminar la ermita se siguen mandando pequeñas cantidades a la obra.
-
Isabel
Gallega, mujer de Juan López, manda 1 ducado (374 maravedís) “a la obra del
humilladero.”. 6 de enero de 1600.
-
María
López, mujer de Hernán García el mozo, otros 10 reales (340 maravedís), con la
misma fecha.
-
El
14 de enero Amador Ximénez, manda “a la obra del Humilladero 20 reales”
(680 maravedís). Aparte de otras muchas mandas, hay una curiosa. Da 10 reales
al hospital de Jerte “para comprar unas sábanas para las camas”.
A partir de
aquí hay testamentos con mandas a la obra del humilladero y otras que no.
Si seguimos
el orden cronológico, parece que la obra estaba en proceso de terminarse y
habría suficiente dinero, o casi, para concluirla.
-
El
10 de febrero un hijo de Llorente no hace mención, ni deja nada para la obra.
-
Martín
Montero. 26 de febrero de 1600. No deja nada al Humilladero. Y posiblemente sea
uno de los testigos del concierto entre los constructores y los comisionados.
-
María
Ximénez, viuda de Juan Mateos, deja 1 ducado a la obra del Humilladero el 29 de
febrero de 1600. Año bisiesto.
-
Magdalena
Fraile, el 15 de abril no deja tampoco nada al Humilladero. Sin embargo, le
delata cierta cercanía con la próxima Cabezuela, mandando misas en la ermita de
Piedras Albas.
-
Por
su parte Juan Gómez, mujer de Francisco Martín, manda la limosna de 20 reales.
-
Por
último, Alonso Sánchez, se obliga por su mujer fallecida el viernes anterior, a
los sepelios oportunos. Es curioso que los gastos, generados por el ánima de su
mujer, alcancen los 15.000 maravedís, obligándose por censo a satisfacerlos
ante el alcalde Juan Gómez. En esa cantidad incluye “30 reales a la obra del
Humilladero que se hace en este lugar”. Es decir, en abril de 1600 no se
había terminado la ermita.
No tengo
conocimiento de otras aportaciones. No es descabellado que se hicieran colectas
en el pueblo en alguna festividad, o donativos particulares que no han quedado
reflejados. De todas formas, la cantidad de estos testamentos alcanzan los
4.794 maravedís. Una cantidad casi suficiente como los cuatro pagos que había
que hacer.
Quizás
también sirvieran para pagar a los peones ya que no sabemos si fueron
aportaciones voluntarias de personas o se pagó a quienes trabajaron en la obra.
Los materiales, aunque cercanos deberían traerlos a obra para el cantero. Y los
árboles necesarios para los cuartones y el tejado seguramente saldrían de los
concejiles.
Muchas
cosas quedarán por conocerse, pero, cuando hace su testamento Catalina Ximénez
el 16 de marzo de 1612, ya está acabada la ermita. Y funcionando. Una de las
mandas primeras que hace se refiere a esta nueva ermita. “Ítem, mando que me digan
una misa en el Humilladero de este lugar solemne, y sea ofrendada con cinco
bodigos y cinco candelas y su vino y pido y ruego al cura que fuere encargue un
paternoster y una avemaría por mi ánima y más mando se le dé un real por el camino”.
Aunque el testamento está hecho en ese año, Catalina Ximénez había dotado su
sepultura en 1600, fecha que se ve actualmente en la iglesia.
La secuencia consiguiente de
la ermita, en detrimento de la de la Magdalena, más alejada del pueblo, también
tiene sentido por las observaciones que vamos encontrando en diferentes
documentos posteriores. La procesión que se hacía al Humilladero, y era pagada
por el Concejo, se hacía el día de san Marcos, promotor de la obra, antes de
terminar el siglo.
La superposición con la
llegada del cristo a la ermita, del que tomó el nombre (Cristo del
Humilladero), la advocación de muchos jerteños a este cristo y a su ermita, la
predilección de alguna familia, algunas mandas de gallegos, el que no se pagara
la cera siempre, que las conmemoraciones fueran puntuales (como la misa de
Catalina) … la adecuación mientras se ampliaba la iglesia parroquial… hacen
pensar en los diferentes estadios hasta llegar a la actual ermita del Cristo el
Amparo.
Pero en origen, allá por
1599, fue la ermita del Humilladero.
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