Datas 1618. La donación "graciosa" de Plasencia

 

Las datas, 1618, no fueron una donación “graciosa” de Plasencia.

 

La relación que ha mantenido a lo largo de la historia Plasencia con “su Tierra” no ha sido para nada de igual a igual. Siempre, o casi siempre, ha estado marcada desde el poder y el vasallaje. A veces, incluso, del menosprecio, el desdén y la minusvaloración.

Cuando, a inicios del XVII, se suceden los pleitos entre Plasencia y muchos concejos de su tierra por la demanda de estos últimos a poder labrar algunos terrenos comunales, salen a la luz las tensiones entre éstos. Y, sobre todo, los intereses contrapuestos de la ciudad frente a los concejos de sus lugares. Parece evidente que las poblaciones rurales necesitaban y requerían más terreno agrícola, más tierra de labranza. Son, en su mayoría, labradores. Sin embargo, Plasencia, ciudad con poderes eclesiásticos y nobiliarios establecidos, tiene otros intereses: ganaderos, impositivos, recaudatorios, de estatus social… Esta dualidad, “ciudad” urbana frente a los lugares “rurales”, están recogidos legislativa y judicialmente desde la propia fundación de Plasencia [1]. Y la palanca de presión que utilizaba la ciudad eran los visitadores que periódicamente recorrían la Tierra de Plasencia, tomando cuenta a los “fieles” nombrados para hacer cumplir las ordenanzas de Plasencia que eran vigentes en todos los pueblos que dependían de ella. Y los tiempos y circunstancias habían evolucionado.

[1] Sirva como ejemplo la consideración de ciudadana o aldeana. “Todo hombre que con manceba ciudadana se desosare dé 20 maravedíes en arras o apreciadura de 20 maravedíes, y si fuere viuda dé 10 maravedíes. Aquel que aldeana prisiere, dé 10 maravedíes y a la viuda 5 maravedíes”. Jesús Majada Neila. Fuero de Plasencia. 1986.

Así es que seamos claros, Plasencia no ha regalado nada “graciosamente” si no ha sido con pleitos, disputas o reivindicaciones muy claras.

Un caso fundamental donde se cruzan los intereses contrapuestos de la ciudad y de los pueblos es el uso de los terrenos comunales, y en muchos casos en lo que se refiere a las propias heredades particulares y privadas. La Mesta también coincide con los intereses de Plasencia, claramente ganaderos para tener despejados pasos y accesos a los terrenos de pasto. El problema se incrementaba en que había terrenos “comunes” muy próximos a los privados, con lo que eran frecuentes los daños que ocasionaban los ganados. La presión placentina era enorme como recogían sus ordenanzas para toda su Tierra [2].

[2] Es interesante conocer el título IX de estas ordenanzas de Plasencia: “de las hordenanças de la guarda y conseruaçión de los castañares del término e jurisdiçión de a noble çiudad de Plasençia“. Editadas por Gloria Lora Serrano. Universidad de Sevilla. 2005.
Cuando cuantifican los daños y penas a los infractores se remarca: “aunque los tales castañares o çepas estén dentro de qualesquier huertas o viñas o çerrados o en otras qualesquier heredades, o en otra qualquier parte, saluo si para lo cortar o arrancar tuviere liçencia de nos el dicho conçejo...”
Además, en los distintos apartados de este título noveno quedan recogidas las normas que luego se plantean en el pleito de las Casas del Castañar.

El conflicto entre ganaderos y labradores también se manifiesta en las propias ordenanzas del concejo de Xerete de finales del XVI. Años previos a las datas que aquí comentamos.

Además, las sanciones que ponen las autoridades de Plasencia a los jerteños, y otros lugareños del valle, por la siembra en terrenos comunales, los adelantamientos de mojones y tomas de terreno, en los años previos a los repartimientos de las datas, son muy numerosos y onerosos para los vecinos del valle. No podemos hablar de una revuelta, pero sí de un enfrentamiento claro de los pueblos del Valle y la Vera con la justicia y regimiento de Plasencia para obtener unos derechos que hoy nos resultan básicos. Y este abuso por parte de la ciudad es el detonante de los pleitos que más adelante referimos.

La conclusión, ya explicada en otra entrada, es evidente: el incremento de población, el alza de los precios, el cambio de mentalidad… hace que las poblaciones menores (lugares) dependientes de Plasencia, reclamen más autonomía de la ciudad, y se crea un movimiento que aspira a su “independencia” convirtiéndose en villas con poder civil y criminal, aunque sea elemental. Este anhelo se pone de manifiesto en Cabezuela, Navaconcejo, Jerte y otros lugares del valle que lo lograrán a lo largo del XVII.

Esta entrada quiere aportar cómo estas poblaciones, y otras de la Vera en la misma circunstancia, pleitean con Plasencia para ampliar sus derechos y ganar espacios que la ciudad intenta por todos los medios evitar, llegando hasta el órgano judicial de última instancia en ese tiempo, la Real Chancillería de Valladolid.

En una simple enumeración de estos pleitos nos encontramos…

·        Enfrentamientos del Concejo Real de la Mesta contra varios pueblos del Valle y la Vera. Justo por labrar o sembrar en terreno común: baldíos, dehesas, cañadas…u ocupando pasos de cañadas hacia los pastos de la montaña.

·        De estos mismos concejos y vecinos contra la ciudad de Plasencia, por motivos similarees y por la necesidad que tienen los lugareños de sembrar sus tierras e injertar los árboles sin la injerencia de la ciudad.

Del primero, la Mesta presenta diversos pleitos por lo que considera se había ocupado sembrando, en ocasiones parte de los pasos de ganados hacia los agostaderos de verano en los terrenos comunes del Sexmo de la Tierra de Plasencia. Pero en otros casos se corresponden a la roturación de baldíos y dehesas boyales de los propios pueblos. He aquí un listado de aquellos que llegan hasta la instancia superior por apelación.

Contra:

·        Jerte1614/1615. “El concejo y vecinos de Jerte, con el concejo de la Mesta, sobre la potestad que tiene el concejo de Jerte de labrar y cultivar los baldíos del dicho lugar”. No conozco su contenido por no estar digitalizado, pero no debe diferir mucho de otros que se añaden en este listado. Sirva como ejemplo el de Piornal, que sí se puede consultar.

·        Piornal. 16 de junio de 1614. “Ejecutoria del pleito litigado por el concejo del lugar de Piornal (Cáceres), con el concejo de la Mesta, sobre roturación de dehesa”. Básicamente la Mesta había pleiteado contra el concejo y vecinos de Piornal en primera instancia en Plasencia. Los piornalegos apelan a Valladolid y ganan el pleito, sentenciando que se les devuelva cualquier cosa o dinero que se les haya exigido, y que puedan hacer uso de la dehesa boyal en la que ha sucedido.

·        Esperilla (Asperilla). 1614/1615. Con ejecutoria de 14 de diciembre de 1614.

·        Navaconcejo. 30 de diciembre de 1616. Por el mismo motivo que lo de Jerte y los pueblos anteriores. “Había rompido y labrado cuarenta fanegas en la dehesa”. De la misma forma sentencia “que se le devuelvan los bienes y maravedíes que se les hayan enajenado

·        Valdastillas y Rebollar1611/1616. “Aprovechamiento de pastos comunes de la dehesa boyal

·        Pasarón de la Vera. 21 de enero de 1613. “en la dehesa Saboya

·        Jaraíz de la Vera. 17 de diciembre de 1613.

·        Cuacos de Yuste. 14 de abril de 1615.

·        Aldeanueva de la Vera. 15 de marzo de 1616.

Todos pueblos de la Tierra de Plasencia, realengos.

Echamos en falta los pueblos de señorío que eran administrados por sus nobles señores: Jarandilla, Tornavacas…

Otro tanto, como decíamos, ocurre con los pleitos frente a Plasencia por el uso y aprovechamiento de sus términos.

Aquí la presión está más mancomunada. La unión de varios pueblos para presentar y continuar los pleitos hasta las mayores instancias es fundamental.

·        Muy tempranamente presentan sus alegaciones los pueblos del valle más próximos a Plasencia. Valdastillas, Rebollar, Casas del Castañar, el Torno y Esperilla, de forma unitaria lo hacen el 12 de octubre de 1604.

·        En mayo del 1615 lo hacen, también de forma conjunta, Jerte, Vadillo Cabezuela y Navaconcejo.

Las reivindicaciones siguen siendo las mismas incluso a lo largo del siglo:

·        El 19 de julio de 1626, pleitea Cabezuela frente a la Mesta y Plasencia por el aprovechamiento de su término.

·        Y más posteriormente, en septiembre de 1668, siguen la misma determinación los “concejos de villas y lugar de Casas del Castañar y El Torno

Que la ciudad de Plasencia otorgara en 1618 las datas a Jerte, y alrededor de esas fechas a los otros pueblos del valle, como se ha visto, no responde a una “gracia dadivosa” si no a la presión real que, desde los pueblos del Valle y la Vera, se ejerce.

Todo este enfrentamiento aumentará la pretensión de emanciparse del poder placentino, adquiriendo, por vía de compra, la enajenación de su tierra y la consecución del título de villa de muchos de estos lugares.

Aspiración de los pueblos del Valle.

Pero, ¿qué querían los pueblos del Valle?

Como ejemplo de estos pleitos y en lo que toca a nuestro pueblo es interesante la apelación que llevan los pueblos ribereños: Jerte, Vadillo, Cabezuela y Navaconcejo ante la Chancillería. Pleito que ganan a Plasencia y del que queda sentencia y carta otorga de la misma a estos pueblos con fecha de mayo de 1615.

La demanda se había hecho el 23 de abril de 1611. Pedro de Vallejo, en nombre de los pueblos hace su petición: “que teniendo sus partes y vecinos heredades propias (…) cercadas e por cerrar algunas e las demás de ellas plantadas de castaños y otros frutales los dichos demandaban y pedían a sus partes el poder cultivar libremente las dichas sus heredades y el enjertar los castaños e arboles que tienen en ellas e arrancar los que se criaban y hacen viejos e te? Que las dichas sus heredades en hora pidiendo (…) e así mismo hacer otros aprovechamientos de lo cual les quitaban el derecho que en las dichas heredades les pertenece y el aprovechamiento que de ellas pretenden como hacienda propia suya e libre y aunque sus partes hayan pedido al dicho Concejo, justicia y regimiento desistan el hacer a sus partes las dichas molestias y agravios no lo habían querido hacer // antes continuaban cada día más…”

Queda clara la intervención en los usos de la tierra incluso en las heredades privadas, pudiéndose perder hasta el derecho que sus propietarios tenían. La vigilancia y visitas que hacían los regidores y otros representantes placentinos por el Valle con las sanciones correspondientes son una prueba evidente de ello. Controladores y sancionadores que chocaban con los intereses agrícolas y de desarrollo de los habitantes del Valle y que quedan reflejados, año tras año, en los libros placentinos de asientos de penas [3]

[3] Ejemplos de estas sanciones en Jerte quedan recogidas en otra entrada. Sabemos, por el expediente para la enajenación de Cabezuela, Jerte, y otros pueblos en la pretensión de un heredero de Pizarro de constituir un señorío con estas poblaciones, que la Justicia placentina asentaba cada año las penas y sanciones impuestas en un libro específico. Fue consultado en este proceso y los datos de penas que se recogen en la entrada citada están sacados de ese documento guardado en el Archivo Histórico Nacional de Simancas
Otras penas, referidas a Casas del Castañar y que provocan una querella posterior, están incorporadas a la misma. En este caso se puede seguir todo el proceso. Desde la visita del corregidor don Antonio Maldonado, la testificación de los fieles del concejo, la detención de los acusados y la imposición de la pena.

La demanda es clara y sencilla. Los demandantes quieren ser dueños de lo suyo. La persistencia de las propias ordenanzas medievales placentinas supone una rémora en el desarrollo de la sociedad del siglo XVII. La última renovación previa a estos conflictos era la revisión de las ordenanzas de la ciudad en 1584, pero que mantenía todo su vigor en el título de los castañares.

Por otro lado, el documento incorpora una carta de poder de cada uno de los pueblos mediante concejo abierto [4] para que los procuradores les defiendan en la Audiencia de Valladolid. Quienes recibe ese poder representativo son:

[4] Este sistema de representación para momentos y casos especiales se hacía con frecuencia. Casi siempre para delegar en un representante para dirigir una petición a una instancia superior: audiencia de Valladolid, representante para las reuniones del Sexmo placentino…

Francisco Gómez de ¿? Natural del lugar de Cabezuela y residente en la ciudad de Valladolid, Pedro de Vallejo y Bartolomé Rodríguez procuradores de causas y del número de la Real Chancillería del Reino

Debemos pensar que Plasencia, como nivel judicial intermedio de primera instancia, siendo parte interesada del conflicto, no daría a sus lugares ninguna facilidad para ganar. Gracias a estos concejos abiertos conocemos las personas que ejercían los cargos de cada población en esa fecha y la de numerosos vecinos que asistieron a la reunión. Una forma más de conocer el nombre de algunos de nuestros antepasados (exclusivamente varones).

Concejo de Navaconcejo:

Pedro Martín Lasa y Luis González, alcaldes ordinarios.

Alonso Bermejo y Toribio Dorado, regidores.

Asistentes: “Diego Ximénez, Juan Nicosano, Esteban Domínguez, Pedro Serrano, Juan Baquero, Esteban Manzano, Esteban Fernández, Alonso Domingo, Sebastián Serrano el viejo, Francisco Martín, Andrés aquero el viejo, Alonso Hornero, Alonso González, Juan de Arenas, Sebastián P?ero, Juan Hornero, Alonso González Ovejero, Juan Serrano, Pedro García, Juan Borrado, Antonio Martín menor, Martín Alonso, e toda la mayor parte del concejo…”

Concejo de Xerete:

Alonso Beato y Diego Toribio, alcaldes ordinarios.

Diego Merino de Vargas y Pedro Ximénez, regidores.

Diego Toribio, procurador general del concejo.

Asistentes nombrados: “Francisco Gómez, Juan Méndez, Gonzalo Francisco, Pedro Soriguela, Andrés Sánchez, Domingo Gallardo, Domingo González, Fernando Florido, Domingo Gómez, Gonzalo López, Francisco Hernández, Juan Lázaro, Alonso Fernández, Alonso García, Francisco Hernández, Mateo Mancebo, Fernando Çancudo, Andrés Méndez, Juan Toribio, Fernando Gallego, Alonso Prieto, Juan Montero, Diego Méndez, Martín Montero, Francisco Ximénez Guillén… todos vecinos del dicho lugar e otros muchos vecinos de dicho lugar que por ser tantos no se ponen aquí…

Concejo de Cabezuela:

Francisco Flores Bri?, y Diego Baquero Viejo, alcaldes ordinarios.

Sebastián Dorado y Luís Pérez, regidores.

Asistentes: “Pedro Hernández, Luís Gómez, Pedro Baquero el mozo, Bartolomé Núñez, Domingo González el mozo, Pedro García, Domingo García, Juan Pérez, Detomenes Díaz, Francisco de Barco, Alonso Díaz Rincón, Juan de Martín de Malpartida, Cristóbal Rodríguez Sastre, Alonso González Serradilla, Domingo Núñez de Andrés Núñez, Andrés Gómez el viejo, Juan Flores, Diego Gómez viejo, Domingo García de Francisco García, Francisco Sánchez palto, Cristóbal González, Juan Gómez de Diego Gómez, Juan Moreno e otros muchos vecinos del dicho lugar cuyos nombres por escusa prolijo no irán aquí expresados

Concejo de Vadillo:

Sebastián Alonso y Juan de la Torre, alcaldes ordinarios.

Bartolomé Martín Flore? regidor.

Asistentes: “Juan Martín de Amor, Alonso de Onoro, Francisco González de Bernardino, Juan Moreno, Alonso de Obregón, Juan Mº lagartero, Francisco Mº, Luís García escribano, Antonio Trujillo, Juan García Baño, Juan González, Fernando Martín, toda la mayor parte del concejo y vecinos del, que por excusar prolijidad no van aquí insertos…”

Como consecuencia de estos procesos de demanda y querella, los pueblos del Valle consiguen que se revoquen las penas impuestas y se garantizan el uso de sus propios. Ganan en autonomía y se incrementan las aspiraciones para desvincularse de la dependencia placentina.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Francisco García y María de Cepeda

Documentos civiles alrededor de 1600

En un lugar... de la Tierra de Plasencia 1600