Jerte hacia 1600. Publicado en la revista Alcántara 66 (2007)
UNA MIRADA A JERTE HACIA EL 1600: CATALINA XIMÉNEZ Y ALONSO
RUIZ DEL RINCÓN
Revista Alcántara 66 (2007): pp. 83-101
Desde muchas generaciones atrás, los jerteños hemos crecido
en la ignorancia de nuestra propia historia. Había, y sigue estando, un muro
que velaba cualquier posibilidad de conocimientos anteriores a la guerra de la
Independencia. Cuando en agosto de 1809 los franceses arrasaron la localidad de
Jerte, reduciéndola a cenizas, parecía que todo rastro o atisbo del pueblo
hasta esas fechas, se había borrado con ellos. Y nada más descabellado. Durante
los últimos diez años he tenido la suerte de ir desgranando decenas de
documentos, cientos de citas, miles de datos, nombres, situaciones… propias de
Jerte y anteriores al gran incendio que apenas dejó en pie un puñado de casas,
la iglesia y la ermita. En este sentido es fundamental mi agradecimiento,
póstumo, a Fernando Martín Buezas que publicó en 1979 “Jerte (cuaderno-apuntes
para una historia)” sobre el suplicatorio tras el incendio de Jerte y los actos
del centenario de 1909. Otro agradecimiento a Fernando Flores del Manzano que
ya en 1982 con su “Aproximación histórica al valle del Jerte”, y posteriormente
con “Hacia una historia de la Alta Extremadura: el Valle del Jerte (II)” (1),
nos ilusionó con documentación que daba luz a parte de nuestra historia y nos
animó a escudriñar otras realidades.
(1)
Ambos libros, junto a otros de su
producción histórico-literaria, son imprescindibles para tener una visión
adecuada de la comarca del Valle del Jerte.
Por último, al Ayuntamiento de Jerte por la publicación de
las “Ordenanzas de Xerete de 1564”, (Plasencia, 1998).
Trataremos aquí otra investigación: “Aproximación histórica
a la Iglesia de Jerte” (inédito) Aunque el libro abarca desde el siglo XV hasta
1809, me centraré en este artículo fundamentalmente en torno al 1600, tomando
como eje a Catalina Jiménez y su marido Alonso Ruiz.
Ella fue una de las primeras líneas de trabajo que
desarrollé, gracias a un documento interesante que se conserva en el Archivo
Municipal de Jerte. Se trata de un traslado de 1762 de la Memoria de Catalina
que Tomás Hernández Jaén, escribano, realizó sobre el original “que está en
un libro viejo de dicha Memoria que volví a entregar a Juan Durán, Patrono de
ella”. En su testamento se lee: “…mando (…) que mi cuerpo sea sepultado
en la iglesia de Ntra Sra de la Asunción de este dicho lugar (2) en
la parte y lugar que está asentada una piedra con su letrero que yo metí en la
iglesia de que pago y mandé renta como parecerá por la escritura de dote que yo
otorgué…”. Durante la reforma del edificio parroquial en 2000, al levantar
el suelo de madera, apareció un enlosado numerado, con algunas sepulturas
dotadas. Allí, hacia el centro de la antigua iglesia, estaba la de Catalina
Jiménez: “Aqvi yaze Catalina ximenez muger de alº Ruiz. 1600” El
hallazgo no hacía más que corroborar lo que el testamento nos indicaba.
(2) En 1612
Jerte era un lugar (entidad menor) de la Tierra de Plasencia. Consigue el
villazgo, comprándolo, en 1699. Un traslado del original, con fecha de 1722, se
encuentra en el Archivo Municipal.
Pero las preguntas se sucedían.
¿Quién era Catalina? ¿Quién su marido para ser consignado en
la lápida? ¿Cómo era Jerte en ese tiempo?
Hoy tenemos una visión global y pormenorizada de cómo era
nuestra localidad desde los siglos XVI al XVIII. Aquí, recuerdo, haremos un
breve recorrido por algunos aspectos relevantes alrededor de 1600, tomando como
referentes a este matrimonio: Catalina Jiménez y Alonso Ruiz del Rincón.
Él, como paradigma de la representación civil de la
localidad.
Ella, con su implicación eclesiástica mediante la fundación
de la Memoria de su nombre.
De Catalina sabemos algo gracias a su testamento (3)
y la fundación o Memoria que hizo “para dotes de pobres huérfanas parientas
tres años y uno paño para vestir a pobres”.
(3) Al menos
han llegado tres testamentos completos. Uno, el arriba citado, en el Archivo
Municipal de Jerte (A.M.J.) Otros dos, peor conservados, en el Archivo
Parroquial de Jerte (A.P.J.), el de la Memoria y el de la copia que se pidió se
custodiara en el archivo. Uno más, incompleto, con el traslado de una parte en
que hace referencia al patrono y las casas que dejó para que éste las
adquiriese a un precio menor que el de mercado, se encuentra en el Archivo
Diocesano de Plasencia (A.D.P.).
Fundada en 1612, a su muerte, mantuvo su actividad hasta después
de 1812, año en que se “perdonan” las rentas o parte de ellas a quienes tenían
a censo el dinero de la Memoria por la catastrófica situación del pueblo.
También hemos rastreado a su marido. Se corresponde con
Alonso Ruiz del Rincón, regidor de Xerete cuando se renuevan las ordenanzas del
concejo en 1564, y del que nos ha llegado parte del testamento al dejar “un
huerto que es de naranjos y un olivo y otros árboles” a la Cofradía de la
Vera Cruz (4). Gracias a lo cual podemos saber cuándo, cómo testó y
la fecha de su fallecimiento.
(4) En esta
época había cinco cofradías de las que conocemos sus obligaciones y
funcionamiento básico. De Nuestra Señora del Rosario (es la que actualmente
llamamos de la Candelaria); de Nuestra Señora de la Asunción (titular de la
parroquia. Era muy antigua y absorbió a la cofradía de san Bartolomé en 1539,
renovando las ordenanzas); de la Vera Cruz (entre sus obligaciones se contaba
en 1687 “Por Alonso Ruiz una misa por una heredad que mandó a la cofradía”);
del Nombre de Jesús (de la que se dice es muy antigua “pareze averse dado
prinzipio a su fundación el año de 1523”. Tiene ordenanzas confirmadas por
prelados de este obispado los años de 1583 y 1613) y cofradía del Santísimo
Sacramento (de la que conocemos sus ordenanzas, iniciadas el 16 de septiembre
de 1607, desarrolladas en 20 capítulos, y aprobadas el 18 de noviembre de ese
año por el provisor oficial y vicario general de Plasencia).
Alonso testó en el lugar de Xerete el 24 de mayo de 1588
ante Baltasar Pérez, escribano del rey, nombrando testamentarios a Bartolomé
Sánchez, cura, y Diego Varios (Barrios). Los testigos fueron Bartolomé Sánchez
cura, Hernando Merino, Juan Montero, Juan Ruiz, Diego Alonso, Pedro Martín
Zancudo y Martín Gallego, todos vecinos de Jerte. Se encontraba “enfermo del
cuerpo y sano de la voluntad”. Pero es el 12 de marzo de 1591 cuando tras
fallecer, Diego Martín Barrios pide a Rodrigo Ximenez alcalde y Juan Gómez
escribano (por ausencia y enfermedad de Baltasar Pérez escribano del número y
concejo) que mande abrir el testamento “cerrado y sellado” de Alonso Ruiz.
Extractando su testamento podemos destacar que manda
enterrarse en el “tercero cuarto delante del santo crucifixo donde por a
bien mas lugar oviere” (5).
(5) Hasta
épocas posteriores parece que se enterraban en zonas determinadas de la
iglesia, delante de los altares colaterales de los que solían ser devotos
siempre que hubiese lugar. La iglesia estaba dividida en cuatro cuartos:
primero o del altar mayor, segundo o de los bancos de justicia, tercero que era
el más popular y último o debajo de la tribuna. Cada uno tenía un coste que
cobraba el mayordomo de la iglesia. Tras la reforma y nueva construcción del
templo en 1756/58 se marcaron más profundamente las diferencias entre los
“cuartos” reduciéndose a tres, aumentando considerablemente el de la capilla
mayor (Aproximación Históric…, p. 134 y ss.)
Misas y oficios conforme sea costumbre de esta iglesia y del
manual y misal nuevo.
“Que de mi casa a la iglesia se me digan los responsos
que le suelen deçir en este pueblo a otros difuntos de mi calidad” (6).
(6) Hemos de
recordar que Alonso era uno de los dos regidores de Jerte en 1564 cuando se
renuevan las ordenanzas del concejo de Xerete. Tanto este cargo como otros de
justicia (alcaldes ordinarios y procurador del común) están estrechamente
relacionados con la pequeña oligarquía de la localidad, a pesar de tomar
decisiones en concejo abierto como se pone de manifiesto tanto en las
ordenanzas (1564, A.M.J.) o el poder para representar en su nombre a los
justicias y comisionados que participan en la transacción y concierto entre
Jerte y Vadillo en 1612 (A.M.J.)
“Que se venga a mi
casa a deçirme la oración nueve días como es costumbre”.
Un real a la ermita de la Madalena (7).
(7) Hoy
desaparecida por completo. Se aprovecharon sus materiales en la reforma de la
parroquia de 1756 con autorización obispal previa (Visitas. A.P.J.)
Al “hospital” una manta de cama que cueste “de doze a
catorze reales”, medio real a las mandas pías, a las misas del Nombre de
Jesús 10 reales.
Entre las misas tenemos: 3 a la Santísima Trinidad, 5 de las
cinco llagas del Señor, 9 de las novenas, 13 de consolación, 1 a Ntra. Señora,
1 al Ángel de la Guarda, 1 a santo Alfonso, 1 a san Bartolomé, 1 a san Miguel,
cabo de año, de réquiem… todas cantadas con su ofrenda de libra de pan, vino y
cera.
Que le ofrenden pan, vino y cera en tabla cuatro meses… y
que encomienden su ánima en la iglesia todos los domingos del mes.
Una vigilia de nueve “licciones” con su letanía.
Que el día de su entierro den a 40 pobres dos libras de pan,
una libra de carne y un cuartillo de vino a cada uno.
Que vistan a cinco pobres de paño pardillo, palmilla y sus
zapatas (a cada uno dos varas de paño).
De sus propiedades (varias casas) da una a su hermana Juana
Jiménez cargándola con una misa y su responso el día de san Alfonso por su
ánima y sus difuntos.
Otra, que heredó de su madre, a su sobrina María Gómez
cargándola con dos misas cantadas con sus responsos al año.
Y la casa, que compraron a María Merchana, la cede a su
mujer Catalina Jiménez.
Manda una huerta a la cofradía de la Pasión con condición de
una misa cantada y responso al año. Como la huerta fue comprada en matrimonio
pide que sea tasada y el valor de la mitad se le dé a su mujer, cogiéndolo ella
de la hacienda del marido.
Medio molino que tenía en el ejido a Juana, hija de Diego
Zancudo.
Que se compre de su hacienda un millar de censo y con la
renta se compre aceite para la lámpara del santo crucifijo que se debe encender
los viernes, sábados, domingos y días de fiesta de todo el año.
Otro millar de censo para gastarlo en partes: un tercio en
obras de la iglesia, otro para misas por las ánimas del purgatorio y el tercio
restante por su ánima y sus difuntos siempre.
Manda a su mujer Catalina Jiménez “La mitad de las
colmenas que tenemos, las que a mi caben, todas por sus días y después de sus
días las que quedaren se vendan y se digan de misas por mi ánima y de mis
difuntos con tal editamiento que ella no las pueda vender ni menoscabar salvo
si se murieren y de otra manera no” (8).
(8) En el
testamento de Catalina se lee “mando que las colmenas que hoy tengo y
corchos que hubieren y castradera y colador y cazatrelas y todos los demás
aderezos se venda todo en pública almoneda a quien más diere por ello. Y la
mitad se gaste por el ánima de Alonso Ruiz, mi marido, que sea en gloria y la
mía como él lo dejó mandado…” (A.M.J.)
También se restituye a su mujer todo lo que trajo en arras
al matrimonio, o su valor donde ella lo quiera tomar. Las mejoras en la
hacienda de ella no se le pedirán…
A Diego Alonso le perdona su parte de siete fanegas de trigo
que le debía, le regala otras dos, un sayo pardo, unos zaragüelles, un camisón,
un capote y unas botas “que tengo”.
A Diego (Barrios) otro sayo pardo y otros zaragüelles.
Que tres ducados que debe Sebastián Pérez de Cabezuela no se
le moleste hasta de aquí un año.
Que se pague a los hijos de Alonso Pérez dos reales que se
debían al padre.
A Catalina, hija de Andrés Sánchez, 4.000 maravedíes para
ayuda de su casamiento.
A los frailes de Tabladilla 6.000 maravedíes de limosna.
A Miguel Martín, su criado, manda una huerta al pago de
Navalonguilla, sin contar las soldadas que le debe (9).
(9) Este criado
continúa trabajando en la casa para Catalina Jiménez y está presente en el
testamento de ésta, dejándole dote como parienta si se llega a casar.
El 11 de octubre de 1613, el sr. Dn. Juan de
Herrera, canónigo de la Santa Iglesia de Plasencia, visitador de dicha ciudad y
su obispado por su sª zelmª Don fr. Enrique Enriquez, obispo del consejo de su
Majestad… manda presentar las cuentas a Pedro Carrión, patrón de la memoria, “el
qual exibio todos los papeles q tenia tocantes a ella” (Archivo Diocesano
de Plasencia, A.D.P.).
El resto de sus bienes, aquí no relacionados, los reparte
entre su hermana Ana Jiménez, los herederos de su hermano y a su otra hermana
Juana Jiménez (10).
(10) Los
testamentos eclesiásticos que disponemos de esta época hacen referencia casi en
exclusiva a la parte del testamento civil que afecta a la iglesia, sacados en
“hijuelas” por el escribano y entregadas al párroco.
¿CÓMO ERA JERTE CIVILMENTE EN ESA ÉPOCA? (11)
(11) Para un
conocimiento más detallado de las ordenanzas y algunos aspectos relacionados
consultar “Ordenanzas del Concejo de Xerete, 1564”, Marcelino García López.
Plasencia. 1998.
Se trataba de un lugar o entidad menor, dependiente de la
Ciudad de Plasencia.
Contaba con una representación de justicia muy extendida:
dos alcaldes ordinarios, dos regidores y un procurador; que se nombraban a
principio de año.
Las decisiones importantes se tomaban en concejo abierto “estando
en el cementerio de la iglesia de Xerete, bajo el soportal de dicha iglesia,
reunidos en concejo a son de campana tañida según uso y costumbre”, como se
lee en la renovación de las Ordenanzas el 5 de febrero de 1564 (12).
(12) Otro
ejemplo: “estando juntos en conçexo por son de canpana tañida y por boz de
pregonero puco en la plaça y zimenterio a la puerta de la iglesia que es en la
parte y lugar donde nos solemos juntar” (Poder para la transacción y
concierto entre Jerte y Vadillo, 26 de enero de 1612).
Una semana después una amplia representación se reúne dentro
de la iglesia y nombran a “Gonzalo Francisco, Pedro Martín Zancudo y a Juan
Sánchez sastre, vecinos de Xerete, para que ellos junto a los alcaldes y
regidores vean las ordenanzas del dicho lugar, confirmadas por los señores
Justicias y regidores de la ciudad de Plasencia y las manden trasladar a limpio
y puedan quitar y poner en ellas y en cada capítulo lo que les pareciere a su
buen juicio que es necesario quitar poner y enmendar (…) que vieren que son
necesarios al dicho lugar y vecinos de él, de la guarda y conservación de las
heredades y cotos, y todo lo demás necesario al provecho común y gobierno del
lugar y de los vecinos”.
El día 16 se reúnen los citados con Diego Gallego, escribano
de los hechos, por estar ocupado el escribano público en otras cuestiones, “quitando
en partes cosas dudosas y en otras añadiendo”.
Se trata de 141 capítulos más otros 16 “añadidos”, que
abarcan un sinfín de cuestiones relacionadas con el gobierno municipal:
panadero (1 al 3); tabernero (4 al 6); carnicero (7 al 22); porquero de concejo
(23 al 31); cabrero de concejo (32 al 34); boyero de concejo y dehesa boyal (35
al 42, 132); del ejido (de los puercos) (43 al 48); castañares (49 al 62)
alcabala de atajo de cabras (63); leña (64); limpieza y uso de caminos (65 y
66); riegos (67 al 71); prados (72); cotos (73 al 78, 129 al 131); guarda de
viñas, heredades y daños (79 al 93); toro de san Juan (94 al 96); tala (97); de
los sitios vedados (98 y 99); fieles (100 al 103, 115, 136, 137); cuidado de
terrenos comunales (104, 108, 112, 117); oficiales del concejo (105 al 107, 109
al 111, 113, 116); corral concejo (114); coto de Tras el Cerro (118 y 119);
penas (120); alguacil, mayordomo y secretario de concejo (121 al 123); vigencia
de ordenanzas (124); rastrojos (125); caza (126); cerramiento heredades (127);
visitaciones (128); limpieza del lugar (133); corta de alisos en la puente
(134); penas de por menudo (135); abacero (138); cercanía (139); guarda del
castañar mayor (140); castañares acotados (141).
Los capítulos añadidos refuerzan el cuidado y guarda de las
heredades o fincas particulares frente a los señores de ganado. Se trata de una
postura, asumida por la mayoría, en defensa de la agricultura de cualquier tipo
(viñas, frutales, panes, huertas), intentando limitar las prácticas extensivas,
y abusivas, de la cabaña tanto local como de los pueblos que disfrutaban
mancomunadamente la Tierra de Plasencia (que era la mayor parte del término
municipal actual). Esta posición viene a corroborar los intereses agropecuarios
de Jerte y otros pueblos del valle.
El 11 de junio de 1564 se celebra otro concejo
multitudinario, consignando una relación nominal de hasta 51 vecinos
diferentes. En primer lugar, los alcaldes, regidores, alguacil y procurador del
concejo, los que participaron en la redacción de las ordenanzas y por último
otros más. También hay una queja de seis vecinos que se sienten agraviados y se
recogen sus propuestas (cinco estaban nombrados en la relación anterior y uno
no)
El 6 de febrero de 1565 son confirmadas las ordenanzas por
la Ciudad de Plasencia “en cuanto no son ni sean contra leyes y pragmáticas
de su Majestad ni contra las ordenanzas de esta dicha ciudad”.
Posteriormente, ya en 1573, se solicita unas aclaraciones
sobre “cuatro o cinco capítulos dudosos”. El 31 de julio se concede
permiso para que se revisen.
El 15 de agosto de 1573 se juntan los dos alcaldes y los dos
regidores (13) de ese año, y con ellos Domingo Gómez (alcalde en
1564) y Alonso Ruiz del rincón (regidor en 1564).
Finalmente se incluyen otras 14 aclaraciones sobre
diferentes capítulos: panadero, carnicero, porquero, boyero, ejido, del agua,
puente, viñas, calle, heredades… El 4 de septiembre son presentadas al letrado
de la ciudad. El bachiller Villaldo de Almaraz las da por buenas el 28 de
septiembre.
Y, por fin, el 2 de octubre de 1573 son confirmadas con las
aclaraciones añadidas.
(13) La
existencia de diferentes posturas que exigen que las Ordenanzas recojan sus
propuestas se encuentra en varias partes del documento. Es más, Francisco
Delgado (alcalde en 1573) y Rodrigo Jiménez, regidor en la misma fecha, son dos
de los seis vecinos que ya en 1564, en el concejo multitudinario citado, se
quejaron públicamente y pidieron que se rectificaran.
Las ordenanzas constituirían el marco normativo, pero no
evitarían los conflictos. Una de las causas podría ser el fuerte incremento de
los precios de productos básicos que obliga a proteger sus propiedades e
intentar el aumento de la producción dedicando mayor cantidad de tierras al
cultivo, presionando sobre terrenos comunales (tierra realenga) (14).
(14) Lo
confirman los documentos procedentes de distintos archivos sobre penas y
sanciones a vecinos del valle y/o de Jerte a lo largo del siglo XVI y principios
del XVII, culminando con acuerdos que afectan al pueblo: Escritura y concierto
entre Jerte y Vadillo sobre el coto Ermitaño (1612) y Datas que da la ciudad de
Plasencia a vecinos de Xerete (1618).
También podríamos pensar en un aumento importante de la
población a finales del XVI y principios del XVII (15).
(15) En 1539 se
unieron y redujeron a una sola cofradía las de San Bartolomé y de Ntra. Sra. De
la Asunción “porque ambas se gobernaban mal por el corto caudal de ambas y por
la vecindad que entonces tenía este lugar” (A.P.J.) Sin embargo a finales de
siglo cuenta la población con cuatro cofradías que ya son dueñas de algunas
propiedades, y un índice de natalidad interesante como se verá más adelante.
Como respaldo documental de estas hipótesis conocemos una
serie de situaciones que rondan estas fechas y que así parecen ratificarlo:
a) Denuncias por tomas de terrenos a 24 vecinos de Xerete en
1564 (el mismo año de las ordenanzas) en zonas colindantes a sus propiedades.
La mayoría de estos vecinos están nombrados en el concejo abierto antes citado.
b) Penas impuestas a jerteños por la justicia placentina en
los periodos de 1597 a 1600 y de 1606 a 1615 (Análogas a las penas impuestas a
vecinos de Cabezuela y Navaconcejo, donde leemos: “condenaciones que su
merced del doctor guiral alcalde de la ciudad de plasencia Hiço contra los
bezinos de nabaconcejo que aquíyran puestos por aber labrado la dehesa boyal
del dcho lugar sin licencia de la Justicia”). En Jerte, por ejemplo, se
pusieron el año 1598, 30 sanciones, todas por adelantamiento y la mayoría por
una cuantía elevada, 1.000 maravedíes.
c) Datas de 1618 (16). Se entregan 102 parcelas,
de las que 33 lindaban con propiedades ya existentes de quien las recibe. De
los 61 vecinos/as a quienes se entrega alguna parcela, 35 habían sido multados
en los 15 años anteriores, lo que nos indica que al final Plasencia acepta de
hecho la presión sobre los terrenos comunales que venimos comentando (17).
Las mayores parcelas entregadas se sitúan en zonas más alejadas de la población
y totalmente rodeadas de tierras comunes de realengo, posiblemente para el
establecimiento de majadas. Otro aspecto muy interesante se refiere al tipo de
propiedad y extensión de estos lotes de tierra que se corresponde con un
minifundio institucionalizado desde tiempo inmemorial. Los 102 lotes entregados
corresponden aproximadamente a 130 has. La parcela más pequeña es de unos 400
m2 y la mayor de 17 has. Del total, 70 parcelas no llegan a 1 ha… El concejo
del lugar también recibe una parcela de más de 4 ha en “los santos” y rodeada
por heredades de particulares.
El cuadro siguiente resume la superficie aproximada de los
lotes entregados:
Superficie <0,1
ha 0,1 a 0,5 0,5 a 1,5 1,5
a 3 3 a 10 >10
Parcelas 6
45 25 20 4 2
Su localización y topónimos son de interés porque
complementan los nombres de terrenos “privados” frente a los términos
“comunales” que aparecen en las Ordenanzas (cotos, ejido, etc.) y deslindes con
otros pueblos. La mayoría se conservan en la actualidad. Algunos con
modificaciones lingüísticas, como, por ejemplo: “Duranilla” (diminutivo de
Durán) que ha evolucionado al actual “Oranilla”, o el de coto de “Tras el
Cerro” que hoy se conoce por los “Trescerros”, en la Reserva Natural de la
Garganta de los Infiernos.
(16) Si
cotejamos la documentación que disponemos, obtenemos la relación nominal de la
inmensa mayoría de los vecinos de Jerte hacia el 1600: 61 varones y 5 viudas
reciben tierras con las Datas; otros 16 propietarios son nombrados por los
linderos; 47 vecinos y 6 viudas por las sanciones anteriores, sin aparecer
entre los agraciados de las datas… Amén de los testamentos de la época y el
libro de bautizos desde 1601.
(17) Un ejemplo
es el de Francisco Jiménez Guillén. Se le imponen multas por adelantamiento y
tomas en 1598, 1599, 1600, 1601, 1609 y 1614 (que sepamos). La sanción de 1609
especifica “adelantamiento detrás de la madalena”. Ocho años después recibe una
data de más de hectárea y media en la “algiba” “detrás de la madalena” que
linda con una viña antigua del susodicho y con tierra realenga.
Volviendo a las Ordenanzas, de las que Alonso Ruiz del
Rincón fue una de las siete u ocho personas que las actualizaron, (y revisaron
en 1573), nos permiten hacer un análisis bastante pormenorizado de Jerte en
esta época: su calle principal y las callejas que salen a las heredades, los
caminos hacia los terrenos comunales, el sistema de riego que hemos conocido
hasta hace pocos años, usos y costumbres de los caminos, topónimos, la
extensión de la población, el patrón del pueblo (antes del actual Cristo del
Amparo que se supone una talla del taller de Martínez Montañés) que era san
Juan Bautista (en junio), la costumbre de correr el toro de san Juan que se
mantuvo el día del Cristo hasta fechas recientes…
La renovación de las ordenanzas puede deberse además a la
actualización legal de situaciones que estaban cambiando, tanto económicas como
sociales, y en un marco más general. Sobre todo, si tenemos en cuenta que
Tornavacas (dependiente de los Condes de Oropesa) revisa sus ordenanzas en 1560
(18), Jerte (de la tierra de Plasencia) en 1564 y Hervás (de los
Duques de Béjar) en 1616 (19).
(18)
“Ordenanzas de la villa de Tornavacas (1560)”. González Cuesta, Francisco.
2004.
(19)
“Trascripción del manuscrito de 1616 de las ordenanzas sobre propios, dehesas y
ejidos de Hervás”. Calzado Arias, Antonio. 1995.
Hacia 1602 Jerte no tendría más de 700 u 800 habitantes (20).
(20) Disponemos
de una información muy valiosa sobre censo de población de 1602, gracias al
Auto de Francisco Pizarro para conseguir un señorío jurisdiccional en varias
localidades, entre ellas la de Jerte, que no dio resultado. Pero en cambio la
documentación aporta datos interesantes sobre rentas, tercias, penas de cámara…
y población (Archivo General Histórico Nacional de Simancas). Corroborarían los
datos que se llevan citados arriba las cifras que aporta Flores del Manzano
indicando el incremento significativo de Jerte a lo largo del siglo XVI (“Hacia
una historia de la Alta Extremadura…”).
La tasa de natalidad anual sería alrededor de 26 nacimientos
(21).
Los máximos anuales del siglo se corresponden con 1614 (43);
1606 (38); 1698 (38); 1691 (37); 1612 (36); 1692 (36) y 1609 (35).
Y es a mediados del siglo donde hay una caída fuerte de la
natalidad con años de mínimos entre 12 y 15 bautizos.
(21)
“Aproximación histórica a la Iglesia de Jerte”, p. 96 y ss. Los datos de
población más fiables y completos son los libros de bautismo, iniciados sobre
el 1601, aunque mal conservados. Para el libro de casados hay hojuelas sueltas
que indican fechas en torno a 1640 o anteriores. Desgraciadamente, el primer
libro de difuntos que nos ha llegado se inicia en 1731.
Los nombres y apellidos se repetían con excesiva frecuencia.
Para el periodo de 1601 a 1622, contamos con 637 registros
de nombres y apellidos conocidos.
Los más frecuentes entre mujeres son: María (129), Catalina
(57), Ana (29), Magdalena (19) y Juana (14) para nombres. Jiménez (91),
González (51), García (38), Gómez (34) Sánchez (32) y de la Cruz (30) para
apellidos femeninos.
Para varones los nombres más comunes son: Juan (99),
Francisco (37), Diego (35), Alonso (30) y Pedro (29). Y los apellidos
masculinos que se repiten más son: García (58), Jiménez (50), Martín (45),
Montero (37), Hernández (33), Sánchez (31) y Gallego (25).
Contamos con los datos, extraídos de los Autos de Francisco
Pizarro, de las poblaciones de nuestro Valle en 1602, exceptuando Tornavacas
que pertenecía a los señores de Oropesa:
Población Casados*
Viudas menores
Baldastillas y rrebollar 57
16 15
Lesperilla y cassas del castañar 105 36
17
Torno 121
entre casados, viudas y menores
Piornal y cabrero 111
38 7
Barrado 51 21 3
Cabiçuela 226
85 31
Navaconçejo 85
30 23
Vadillo 45
20 15
Xerte 128
43 12
(*) casados, viudos y mozos mayores de edad que forman
unidades familiares.
Algunos datos socioeconómicos que conocemos de esta época
son:
• Las alcabalas, que estaban encabezadas.
Hacia 1658 eran las siguientes:
Jerte, 1.600 mrs.; Vadillo, 300 mrs.; Cabezuela, 5.000 mrs.
y Navaconcejo 2.100 mrs.
• Las tercias reales para el periodo de 1596 a 1600
fueron (en maravedíes):
Año Xerete
Vadillo Cabezuela Navaconcejo
1596 13.185,5
7.407,5 20.740,5 28.889
1597 13.117,5
6.480 17.050 24.460
1598 15.152
7.315 22.963 32.019
1599 ------ 7.605,5 20.247 34.815
1600 13.611
7.680 20.615 25.920
• Tenemos además los diezmos del pan de la Cilla,
desde 1596 a 1600. Por ejemplo en el año 1596:
Año 1596 Trigo Centeno
Fanegas
Celemines Cuartillos Fanegas Celemines
Cuartillos
Jerte 18
4 0,5 4
9 3
Vadillo 5
2 1 3
1 1,5
Cabezuela 8 4 1,5 2
11 1
Navaconcejo 23 8 3 8
2 1
Hasta aquí hemos visto algunos datos de Jerte en su aspecto
civil, encabezado por el personaje que nos atañe, Alonso Ruiz del Rincón.
Pasemos a desentrañar los aspectos religiosos con la excusa
de acercarnos a la figura de su mujer Catalina Jiménez.
Respecto a la Memoria de Catalina Jiménez, mejor
documentada, se puede hacer su seguimiento durante más de 200 años. Disponemos
del testamento, parecido al de su marido en cuanto a misas, limosnas y
donaciones de pequeñas propiedades a personas concretas… Pero con
peculiaridades llamativas: que se dé una candela cumplida al cura, al sacristán
y cantores, a los niños y monacillos en su entierro; que amasen dos fanegas de
trigo y den los panes a pobres; colación de libra de pan, tajada de queso y
vino a los testamentarios y quienes les ayuden (en total una arroba de queso).
Además de más de 50 misas diversas llama la atención las
tres que pide se digan en Plasencia (una en Santa María la Mayor, otra en San
Francisco y otra en los altares de indulgencia de Santa), y la que se dirá en
el Humilladero (22) de Jerte, ofrendada con cinco bodigos y cinco
candelas y su vino.
(22) Esta
ermita es la actual del Cristo de Amparo, hoy patrón de Jerte, y que en aquella
época distaba unos 200 metros del núcleo de pueblo, en dirección noreste, en el
camino real que iba a Tornavacas. Por el trabajo de salir de la población pide
que se le dé al cura “un real, por el camino” (A.M.J.) El día de san
Marcos se hacía una misa cantada y procesión al Humilladero, a cuenta del
Concejo que pagaba seis reales al cura y dos al sacristán, a mediados del siglo
XVII (A.P.J.).
No se olvida de la cera para las hachas de las cofradías del
Santísimo Sacramento y del Nombre de Jesús.
Tampoco de deudos y vecinos: censos de mil maravedíes a Juan
de León, a Diego Alonso mozo, y a Francisco, hijo de Juan Martín, vecino de
Vadillo, “el que es ciego de un ojo, desde el día que se casare en adelante
mientras viviere…”; a Águeda Núñez, mujer de Francisco Arias “el mi
huerto de los granados que yo tengo a hondón del lugar”; a ésta última y a
otras dos más un alfamar nuevo para cuando se casen; a Alonso Mancebo, hijo de Diego
Alonso, tres ducados para comprar una casa; a Fernando Florido (sacristán) “paño
para un sayo y unos zaragüelles por el amor de Dios y porque me escribe algunas
cosas”; a Domingo Sánchez de Miranda “una huertecita que yo tengo a la
Piedra Horacada(23) (…) que tiene cinco castaños, los cuatro
injertos y el otro reboldano”
(23) Para
hacernos una mínima idea de la ingente cantidad de datos que nos aportan los
censos y testamentos podríamos citar este término de terrenos. En documentos
del s. XVI aparece como Piedra Horadada. Más tarde como Piedra Horaçada,
Horacada y Huracada. Hoy se le conoce como las Uracás (A.P.J)
Catalina es una pequeña prestamista, como tradicionalmente
ha habido en los pueblos. Se pone de manifiesto en el capítulo de su testamento
“contra Pedro Martín de Domingo Martín”. Éste había comprado una heredad
en la Veguilla estableciendo un censo de tres mil maravedíes, de los que había
redimido dos mil, “y la escritura tiene el dicho Pedro Martín en su poder en
confianza”. Pedro Martín, a la sazón, era alcalde de Xerete.
Su carácter prestamista y solvencia económica se desprende
del resto del capítulo “y los demás censos aparecerán por las escrituras y
libro de cuenta y razón que yo tengo”.
Una manda de interés se refiere a Sebastián Durán, uno de
los tres “votos” de su Memoria, para que se pueda quedar con sus casas por el
precio que “sean tasadas por dos hombres honrados de ciencia y conciencia
puestos por el Patrón que yo nombraré y de lo que tasaren que valen quiten diez
mil maravedíes y se den a Sebastián Durán a dinero o a censo” (24).
(24) Sobre las
gestiones a su muerte, el 16 de octubre de 1612 el patrón Pedro Carrión, ante
el escribano Francisco García y dos testigos Rodrigo Montero y Domingo Sánchez
de Miranda, nombra tasadores a Francisco Gómez de arriba y a Diego Alonso el
viejo. Sigue la notificación a estos últimos y su aceptación. Realizan la
tasación en 70.000 mrs. Se le notifica a Sebastián Durán, que protesta por
sentirse agraviado por considerar la tasación elevada. El 22 de octubre se le
requiere para que diga si la quiere en 60.000 (ya bajados los 10.000 del
testamento). Posteriormente se realiza la aceptación. Como no tiene el dinero
se le presenta un requerimiento para que tome 3.000 mrs de renta de censo (a 20
el millar). Se hacen las escrituras a nombre de Sebastián y su mujer Juana
Gallego. Los pagos se realizarán, como es costumbre en Jerte, la mitad en
Navidad y la otra en san Juan de Junio. El censo se carga sobre sus
propiedades: las casas adquiridas, otras que poseen en la calle Real, heredad
de huerta y castañar en la Vega y otra en la Magdalena, en Xte a 6 de noviembre
de 1612 (A.D.P.)
El resto del testamento hace referencia al establecimiento
de la Memoria y su gestión:
• Todos sus bienes se venderán en pública almoneda, a voz de
pregonero.
• El dinero conseguido se pondrá a censo.
Las rentas obtenidas se distribuirán de la siguiente manera:
tres años continuos entre tres mozas huérfanas a partes iguales el día que se
casen, y el cuarto año toda la renta se compre paño para los pobres parientes y
no parientes como sean pobres, “dando a los hombres a dos varas y media de paño
común y a las mujeres y mozas de diecisiete años para arriba se dé a dos varas
de paño, y a las mozas se dé sayuelo y manta, el sayuelo de color y manta
redonda de paño pardillo, y a los niños de diez años para abajo a vara y media
de paño a cada uno”.
• Nombra tres “votos” para gestionar la Memoria y establece
como Patrón a Pedro Carrión, hijo de Alonso Gallego, como primer “voto”. El segundo
al citado Sebastián Durán. El tercero al Procurador que fuere del concejo.
Los cargos son heredados por el hijo mayor “siendo hombre
hábil y discreto para ello” “de manera que de continuo sea el Patrón hábil
y suficiente para poder dar cuenta y razón de todo”, y en reserva queda la
línea sucesoria de Fernando Gallego.
En el reparto de limosna y paño se tendrá en cuenta la
mayoría de los votos (dos), “y todo se haga y pase ante el escribano que
fuere”.
El Patrón tiene que dar cuenta al obispo o al visitador
periódicamente. Por su trabajo recibirá la décima parte de las rentas.
Si faltaran sucesiones de los indicados, el Visitador del
obispado nombrará Patrón “que sea hábil, idónea para ello, habiéndose informado
de gente honrada y si hubiere persona que lo pueda servir que sea pariente, que
sea preferido a los demás”.
• Se hace una relación pormenorizada de las parientes
preferidas y las huérfanas para recibir la limosna(25). Todas podrán
recibir el dinero “aunque de una mujer haya habido un yerro”, siempre
que tengan cumplido los diecisiete años: “que por cuanto en este lugar hay
muy mala costumbre de casar niñas que no son para casadas, mando que la que se
casare de diecisiete años para abajo que no la den la dicha limosna”.
Para distinguir entre las huérfanas parientes y no parientes
pero pobres indica que las primeras reciban doce mil maravedíes, y las otras
seis mil. En caso de sobrar algo (debían ser muy escasos los matrimonios) se
guarda para el año siguiente.
(25) Curiosamente
estos capítulos contienen una gran cantidad de “jerteñas”, escasas en cualquier
otro documento donde casi sólo aparecen citados los varones, y excepcionalmente
alguna viuda (multas, datas, lindes de propiedades…) por lo que creemos tiene
mayor relevancia, sobre todo porque será una clave en su descendencia para
seguir recibiendo la limosna cuando contraigan matrimonio.
• “Y sobre esto no haya pleitos, que por evitar pleitos
nombro los tres votos, para que donde los dos fueren valga lo que los dos
dijeren sin que haya más pleito; y para ello encargo las conciencias que lo
hagan bien y fielmente, sin amor ni temor ni afición de nadie, sino que miren
por el servicio de Dios Nuestro Señor y bien de los pobres”.
Y en el capítulo siguiente: “Mando que si alguna persona
moviere pleito en razón de los dichos nombramientos, como no sea el pleito muy
justo y conste que se le hace agravio, quiero y es mi voluntad que no se le dé
la dicha limosna en manera alguna, antes sea excluida de ella la tal persona y
sus descendientes porque es mi voluntad que no se gaste nada en pleito”.
• “Que si alguno de los dichos mis parientes y sucesores
estudiare para ordenarse de orden sacro así mismo le den limosna de las mayores
para su estudio o para libros o para lo que él quisiere después de haber
estudiado tres años”.
El testamento está fechado el 16 de marzo de 1612, ante los
testigos Fernando Florido, Juan Jiménez Durán y Francisco Arias el mozo, siendo
escribano Francisco García.
Una de las mejores fuentes documentales para conocer esta
Memoria se encuentra en el archivo parroquial. Son papeles sueltos y restos de
cuadernillos del libro que se custodiaba en el Archivo desde que en 1644 lo
pidió el Visitador placentino, a la vez que obligaba al Patrón a pagar cada año
200 maravedíes al cura por su custodia. Estos cuadernillos representan un
control riguroso y eficaz, especificando las cuantías por apartados de cargos
al patrón (ingresos de la memoria) y descargos (gastos).
La memoria se fundó sobre unos 400.000 maravedíes que se
destinaron a censos. Producían anualmente sobre 33.000 maravedíes. Los ingresos
y gastos a su muerte fueron:
• Ingresos: almoneda de todos sus bienes incluidas
las colmenas y el arca que compró Francisco Gómez (51.565,5 mrs); réditos
corridos que debían a Catalina (30.415 mrs); Réditos que debía Juan Martín de
Malpartida (26) (15.000 mrs); Réditos que debía Pedro Carrión de la
Plaza (16.000 mrs); Restituido a la difunta con las cartas generales (2.108
mrs); Venta de las casas donde vivía Catalina Jiménez (60.000 mrs); huerta de
los árboles al sitio de la Gargantilla (90.374 mrs); huertas del Camino Abajo
(50.000 mrs); heredad de Peña Horadada (75.000 mrs.); heredad de las Suizas
(46.000 mrs) y heredad del Camino Abajo (25.500 mrs).
Total de ingresos: 462.958 mrs.
(26) Este Juan
Martín de Malpartida recibió, en las Datas que concedió la Ciudad de Plasencia
a vecinos de Xerete en 1618 cuatro parcelas: una en el “Destajadillo”, de 270 x
270 varas por 56 mrs (linda con una viña antigua del susodicho y tierra
realenga); otra, también en el “Destajadillo”, de 500 x 500 varas por 112 mrs
(rodeada toda de tierra realenga); otra en el Horcajo de tras la Madalena de 70
x 100 varas por 28 mrs (junto a una data de Alonso Merino) y la última en el
Regajo Serrano, junto al río, de 40 x 290 varas por 34 mrs (junto a una heredad
de realengo). También aparece en el listado de penas en el periodo de 1606 a
1615, exactamente en 1614, por adelantamiento, junto a una buena parte de sus
convecinos que después reciben las datas (A.M.P.).
• Gastos: Memorial del entierro y cumplimiento del
testamento, mandas, deudas, gastos del escribano, escrituras de censos y pago
al patrón (34.373 mrs); de lo ganado de prometido en las heredades que se
vendieron (9.500 mrs); derechos del Visitador (750 mrs); derechos del escribano
“por hoy” (500 mrs) y censos tomados por 10 personas que oscilan entre los
5.000 mrs. de Juan de León, hasta los 72.000 de Beatriz y Ana Bernal (27)
(383.000 mrs) Total de gastos: 431.123 mrs.
Quedan en poder del patrón 31.835 mrs.
(28) Ana
Bernal, hermana de Beatriz Arias, hizo su testamento en 1633, y un codicilo en
1644, próximo a su muerte. Deja un censo de 8.000 mrs de renta al año para
misas y pagos al cura y al sacristán. El resto del dinero se irá gastando en la
adquisición y arreglos de objetos de culto (sobre todo plata). Sobre los gastos
de esta Memoria tenemos documentación por los libros de fábrica de la iglesia,
asentándose en lugar aparte del resto de gastos ordinarios y extraordinarios,
desde 1728 en adelante, hasta 1850.
Los gastos anuales quedaban de la manera siguiente:
Salario del patrón (3.300 mrs); a Juan de León y Diego
Alonso (los primeros años 2.000 mrs); al escribano por el repartimiento de
paños (415 mrs), al visitador del obispado (544 mrs) y a la iglesia por la
custodia de la memoria desde 1644 (200 mrs).
Otros gastos extraordinarios fueron de abogado por pleitos
(muy pocos) y los ocasionados para ir a comprar el paño a diferentes
localidades (Casatejada, Berrocal (29) …)
(29) Sorprende que
se compre el paño en localidades lejanas a Jerte cuando en Tornavacas o Béjar
había fábricas de paño de reconocido prestigio y el coste de transportarlos
sería menor.
En principio no hubo problemas para dar la limosna
correspondiente, pero conforme fue pasando el tiempo, el número de parientes
pobres y huérfanas aumentó y el precio del paño se disparó con la inflación,
frente a unos ingresos fijos y limitados.
Los problemas se intentan subsanar obligando en 1644 a “Poner
en papel en la puerta de la iglesia la parienta huérfana que pretenda ser
dotada por esta memoria para que pruebe su parentesco (en presencia del
cura) y se determinen los parentescos más próximos a la testamentaria”.
Respecto a los paños, su precio variable, hace que mientras
en 1613 se reparten 95 varas de paño pardo (a 7 reales la vara) y 8 varas de
paño de color (a 10 reales la vara) por un coste total de 27.280 mrs; en 1641
se reparten sólo 40 varas (a 20 reales la vara) por un coste total de 27.200
mrs. En 1687 son 92 varas de paño pardo por un valor de 29.936 mrs.
Si curiosas son las listas de las personas que reciben estos
paños o las observaciones como “pariente y muy pobre con 5 hijos”, las
relaciones parentales nos ayudan sobremanera para tener una visión más precisa
de los datos demográficos de la localidad.
En la época que nos ocupa, Jerte tenía una iglesia
parroquial con la misma titular que hoy, de Nuestra Señora de la Asunción, algo
más reducida por la zona del altar mayor (se amplió en 1756/58). Del retablo
mayor tenemos conocimiento por un documento que aparece en el listado que la
Sociedad Genealógica de Utah (30) dejaron al Archivo Diocesano de
Plasencia. Se trata del “Dorado y pintura del retablo mayor por Jerónimo de
Córdoba (1628/1629)” pero que aún no he conseguido consultar. No obstante, sí tenemos
la descripción del mismo en 1687, mucho antes de la reforma del edificio y que
se corresponde con el actual: “el altar mayor con su retablo dorado y
pintado con custodia adonde esta el Ssmo Sacramento y en lo alto deel la
hechura de Xpto Sr nro crucificado, una ymagen de la asumpçion de nra sra con
sus angeles pequeños de talla y mas quatro hechuras de talla doradas y pintadas
una de S. Pedro Apostol, otra de S. Pablo, otra de S. Juan Baptista y otra de
S. Thiago”.
Además, se contaba con dos ermitas.
Una, del Humilladero, que aumentará su importancia a
principios del siglo XVIII, con el cristo homónimo.
Otra, en la salida sur, a poco más de un kilómetro, dedicada
a la Magdalena. De esta última, hoy desaparecida por completo, conservamos un
censo sobre unos terrenos colindantes que gestiona Alonso García Calero como
mayordomo de la ermita en el año 1539.
También el Concejo, “por voto que antiguamente hizieron
los vezinos de este lugar”, tenía la obligación, entre otras misas y
procesiones:
• El día de los Mártires una misa cantada con procesión a la
ermita de la Madalena.
• El día de la Piedra, que es el lunes después de la
dominica In albis, otra misa cantada con procesión también a la ermita de la
gloriosa Madalena.
• El lunes después de la dominica de la Trinidad con
procesión a dicha ermita.
• El día de la Gloriosa Magdalena misa y procesión por el
lugar.
Por ellas pagaba seis reales al cura y dos reales al
sacristán hacia 1687 por cada misa y procesión (31).
(30) En el
listado de documentos microfilmados por esta Sociedad, dependiente de la
Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones) aparecen dos
que no debieron regresar a Jerte. Uno el comentado del retablo mayor y el otro
el de bautizos de 1741 a 1771. El microfilm de este último se encuentra en el
Archivo Diocesano de Plasencia.
(31) Libro de
Becerro (A.P.J.).
También comprobamos que la Memoria de Catalina Jiménez no es
un caso aislado.
Responde a un sentir extendido entre las personas con una
cierta solvencia económica y se traduce, generalmente, en establecer misas
anuales en memoria de alguien, cargándolas sobre propiedades que quedan
obligadas a correr con los gastos de estas misas y obligaciones.
Significativamente tenemos para este periodo otros ejemplos
en Jerte:
Memoria de Catalina Sánchez, para vestir pobres (1554);
censo para aceite de la lámpara del Sacramento por Alonso Gómez y Mencía Gómez
(1560 y 1562); misas del licenciado Juan González, clérigo (1569); 4 misas
cantadas con responsos de Isabel Blázquez (1580); Misa perpetua del licenciado
Bartolomé Sánchez (1586); Misas de Fernando Montero, regidor, (1590); Misa
perpetua de María Jiménez (1595) “Sobre una heredad de castañar a la Piedra
Huraçada”; 2 misas perpetuas de Rodrigo Jiménez (1596); 2 misas cantadas y 2
rezadas más un real al cura de limosna de Pedro Toribio, marido de María de
Beato (1598); una huerta de Alonso Ruiz a la Cofradía de la Vera Cruz (1591);
misa en tabla de María Gallego (1605); misa rezada cada año de Rodrigo Montero
y María Delgado por donación de una suerte de corral a la casa curato (1616),
misa perpetua de María González, viuda de Francisco Gómez (1622); 4 misas
rezadas de Juan Gallego (1644); misas y rentas para objetos de culto de Ana
Bernal (1644)…
Otra contribución a la iglesia son las distribuciones.
Consisten en vender en pública almoneda todos los bienes del difunto y
convertirlos en misas por su alma. Un caso muy curioso, por la cantidad de
información sobre los bienes y disposición de una casa jerteña, es el de Alonso
Martín Trabado que deja como única y universal heredera a su “ánima”. Esto
transcurre en 1685, próximo a una fecha relevante para nuestro pueblo, 1699. Es
el año en que se convierte en villa y excede el propósito inicial de este
artículo. En resumen, creo que a lo largo de estas páginas ha quedado de
manifiesto que la falta de información sobre Jerte antes de la Guerra de la
Independencia era engañosa. Tenemos la documentación necesaria para acometer un
trabajo más profundo y metódico tanto de esta población como de otras análogas.
También la responsabilidad de documentar una memoria que se
nos hacía imposible de recuperar.
Aquí nos hemos acercado a estos dos jerteños que vivieron
hace más de 400 años, con personalidad suficiente cada uno (ella como fundadora
de una memoria, él como regidor y redactor de las ordenanzas de 1564/1573),
presentando el núcleo rural en el que les tocó vivir, con algunas
circunstancias sociopolíticas y culturales de esa época, con la presencia omnímoda
de la iglesia católica y un poder político en manos de la ciudad de Plasencia.
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