Inventarios de bienes en Jerte en 1599 y 1600. Casas.

 La casa.

Se utilizan pocos elementos descriptivos, al contrario que en las escrituras de venta o de obligación de los censos, más pormenorizadas. Aquí muchas veces basta con declarar “la casa en que vive”. A lo más nos dice hacia qué parte del pueblo se encuentra “en la calle arriba”. O para diferenciar ya que Francisco Martín tenía dos, “casa con su salida y parral a la Cofradía”, “otra casa a la Cofradía linde con Mateo Mancebo”



La casa tradicional aprovechaba los materiales de construcción de la zona. Piedra, madera y barro (adobe o tejas).

Planta baja, con muros de mampostería de piedra. Mucho canto rodado desbastado para hacer las paredes anchas y, sobre ellas montar el piso de la vivienda para las personas. Sin descartar casas únicamente de planta baja con un zarzo al medio.

Piso superior de entramado de madera, normalmente castaño, y entre los vanos, ladrillos de adobe. Referencia a ello es que Francisco Martín aportó al matrimonio “como 150 adobes”. O en el inventario a la muerte de Hernando Montero deja “48 tejas”. La referencia del pago de "el Tejar", próximo al pueblo nos puede indicar dónde estaba la extracción del barro. Además de otros lugares como la Tejera o la Tejerilla.

El suelo, en el caso del primer piso, sería de tablazón y a veces “adobado”. El espacio superior a dos aguas, hacia la calle y a las trascasas, formando un prisma triangular apoyado sobre una cara lateral, quedando la viga cumbrera en la parte más elevada.

Prácticamente todas las casas estaban adosadas unas a otras, sirviendo de mutuo apoyo en la construcción. La altura de la cumbrera determinaría la posibilidad de tener zarzo, que sería un espacio generalizado en todas las casas habitadas, quedando independiente como otro nivel, con sus ranuras, y de acceso no tan sencillo. En varios inventarios se anota una escalera (se entiende de mano), incluso en uno dice “la escalera del zarzo”. Se llegan a inventariar varias, escribiendo “escalera para el çarço”. Posibilitaría la salida de humos del hogar donde se guisaba y calentaban, que hemos conocido como “lancha” en el suelo de casas antiguas. Sería el lugar idóneo como sequero de los productos de esa época, castañas injertas y “regoldanas”. Las matanzas necesitadas de “curarse” se ponían en estos lugares. Como los inventarios están marcados por las fechas en que se hacen, al coincidir con el tiempo después de alguna matanza de cerdos podemos encontrar embutidos que se elaboraban “seis vueltas de longanizas y cuatro morcillas” entre otros. 

Los higos, sin embargo, se secaban al sol en la mayoría de los casos. Aunque también hay referencias a los horneados, secados con la lumbre.

Algunas viviendas tenían, si era posible, un parral, algún corral, unas trascasa y, en bastantes ocasiones, huertos traseros.

Frecuente era que se dividieran por particiones. Si era para dos, a la mitad. Desde la calle hasta la trasera. Otras veces eran más partícipes y compartían la propiedad con “suertes” o partes. No es raro las ventas de esa mitad a la otra persona, o que se mantenga durante más tiempo.

Ejemplo de ello en las ventas aparecen dos medias casas con sus huertos que se venden en Tornavacas, por herencias de tornavaqueños avecindados en Jerte y casados en nuestro pueblo.

Los precios son muy dispares. Desde poco más de 6.000 mrs por media casa, a más de 20.000 mrs.  Algunas mejores, podemos suponer, alcanzan los 40.000 maravedíes.

Si pensamos que el año 1599 el cura de Jerte pagaba 10 ducados por el alquiler anual de una casa, a pesar de tener una casa curato disponible, pero poco adecuada. Son 3.740 mrs. de alquiler. Lo que costaba un burro en ese mismo año.

La venta o la presentación de cuentas, en ocasiones, permite reconocer cómo los hastiales que daban hacia el sur, si estaban desprotegidos por otras construcciones, se revestían de tablazón para evitar el daño de las aguas de lluvia sobre esas fachadas. O, en algún arreglo de casa se habla de haber hecho una cantarería, para poner el cántaro.

Son ejemplos, pero escasos.


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