Inventarios de bienes. 1599-1600. Ganados.
Bienes muebles.
Esta es la “chicha” del
documento. Los pormenores, las listas infinitas, los pequeños matices.
Aunque siguen cierto
orden, cuenta objetos incluidos como fuera de su sitio. Lo lógico es pensar que
se haría el inventario entrando en la casa y, en la planta baja, acceder al
ganado, que es lo primero que se suele poner.
El mobiliario suele estar
desperdigado, pero casi siempre se pone muy al principio “una arca mesa grande”, normalmente de “castaño”, aunque en una ocasión es de “pino y hechura comarcana”, y otra vez de “cerezo”
Los tejidos suelen ser el
grupo descrito siguiente: manteles, pañizuelos, sábanas, mantas…
La vestimenta, muy
reducida, ocupa anotaciones interlineales. Sin mucho orden.
Las herramientas y
útiles, también diseminados, aparecen más en lo que respecta a su función. Para
el hilado o tejido, para el amasado, para las labores agrícolas…
El almacenamiento se
realiza especialmente en tinajas de diferentes tamaños. Hay alguna cuba.
Los útiles de la cocina
también aparecen discontinuos, lo que me hace pensar que dentro de la estancia
donde estaba la lancha u hogar, tendrían alguna repisa[1]
para colocar cosas.
Los alimentos conservados
dependen de la temporada y salen en cualquier lado.
El alimento de los
animales suele estar al final, cerrando el circuito por la vivienda.
Entre medias, la sorpresa
de lo inesperado o diferente, como se verá.
La cabaña ganadera con
que cuentan, nos habla de qué y cómo se sustentaban los jerteños de 1600.
Los 16 vecinos que
estamos analizando cuentan con unos 212 animales domésticos (tomando cada colmena
por una unidad). Debemos suponer lo limitado de dos años y sólo lo reflejado en
los inventarios.
Este sería un cuadro resumen de ellos:
Ganado vacuno:
Contamos 7 bueyes, algunos incluso “domados”, lo que indica
que se usaban en las labores del campo sobre todo para labrar y roturar la
tierra. 11 erales, agrupando tanto los que son de dos años con “algunos becerros mamones de un año”. Y 9
vacas.
Ganado equino:
7 asnos. Animal polivalente, para todo. Desde llevar una
carga a cargar con una persona. De fácil alimentación, duro, resistente.
Los 2 mulos los tienen, uno Hernando Montero que, como se
verá más adelante, por su oficio y medios se lo puede permitir, e incluso lo
necesitaría para sus tareas profesionales. El otro Sebastián Muñoz, el de las
colmenas. Tanto uno como otro necesitarían de animales de más carga y para
andar en terrenos más complicados.
Tanto los asnos como los mulos están bien documentados en
los protocolos con las ferias de Jerte, donde los datos son más pormenorizados.
Y bastante abundantes.
Ganado porcino:
Resulta fundamental en el mantenimiento de las familias. Es
una de las bases de sustento. Se contabilizan 33 cochinos más o menos grandes y
44 lechones o cerdos más pequeños. Todos, si pueden tienen al menos uno.
Alguno, como Alonso Sánchez, tienen muchos más: “27 lechones, sacado el diezmo porque eran 30”, “9 puercos de entre 3 y 4 años”, “4 marranos más pequeños”, “5 puercos de cría, más otras dos puercas”.
Cada lechón valía 1 ducado. Los puercos sobre 7 ducados cada uno. Baltasar
Martín al morir deja, “ocho cochinos:
cinco marranitos de un año, 2 lechones y una puerca”
Aparte, existe un mercado porcino a tener en cuenta. Diego
Cruz y Juan Toribio de Pedro Toribio, vecinos de Xerete, compran a Alonso
Moreno vecino de El Torno “30 marranos de
sobreaño a razón de 3 ducados cada uno de ellos”. Se obligan a pagar 33.750
maravedíes que es el montante total.
Ganado caprino:
El número de 33 cabezas es engañoso porque 30 de ellas
pertenecen a Hernando Montero. La existencia del cabrero del concejo
facilitaría que algunos pudieran echar sus cabras de diario al monte. Por
ejemplo, en la promesa de dote que hacen los padres de Marina González, ofrecen
“12 cabras de dos años para arriba
atajadas por atajo”. O en la obligación de pago de Bartolomé García de 260
reales porque le había comprado al dezmero Juan Méndez “26 chivos dezmeros”. O la carta de obligación que otorga Martín
Muñoz, vecino de Aldeanueva de la Vera, de 36.696 maravedíes, a favor de
Catalina González, viuda de Pedro de Hervás, vecina de Xerete, porque le había
vendido al verato “84 cabras, a 16 reales
cada una”. En la misma línea Juan del Barrio vende a Martín Muñoz, vecino
de Aldeanueva de la Vera y a Alonso Hernández Vaquero, vecino de Cuacos, “23 cabras mayores, a precio de 16 reales
cada una y 4 menores a 8 reales y un chivato por 5 reales que suman 405 reales”.
Como se había pagado en su momento 12 ducados, ambos se comprometen al pago de
los 273 reales restantes “que os estamos
debiendo”.
No aparece ningún ganado lanar en los inventarios. Eso no
quiere decir que no los hubiera. El 7 de febrero de 1600, Juan Carrión suscribe
una carta de obligación de 68.068 maravedíes a favor de Juan Martín Zancudo,
vecino de Tornavacas. Dinero que le debe “por
154 borregos que le compró a razón de 3 reales cada uno”. Haberlos los
había.
Ganado aviar:
Las gallinas eran una buena fuente de proteínas con sus
huevos, y en ocasiones, con su carne. Pero no se nombra ninguna.
Apicultura:
Todo parece indicar que Sebastián Muñoz, además de
agricultor como todo el pueblo, se dedicaba a la apicultura. “30 colmenas buenas y malas”, “19 o 20 enjambres por dezmar”, “una arroba de miel”, “cuatro libras y media de cera colada”, “un baño de barro grande de hacer cera”.
Evidente.
En este mismo apartado tenemos que incluir los alimentos
para el ganado en época invernal. El heno y la paja, que, aunque en fresco o en
rastrojo se aprovecharan, también se almacenaban en una parte de la casa, el
pajar. Sirvan de ejemplo: “12 o 13 haces
de heno”, “como 20 haces de heno, dos
más o menos”, “la paja que está en el
pajar”, “una poca de paja, como una
manitada de ella”, “dos cargas de paja”.
[1]
En la presentación de cuentas que hace María Luisa de su hija Ana se hace un
descargo por los arreglos que hizo en la vivienda de la menor, “y cantatería y hogar y rebocar” el lugar
donde pondrían el cántaro del agua y la lancha del suelo para la lumbre.
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