Inventario de bienes. 1599-1600. Herramientas.


Trabajos domésticos.

Ligado al sustento diario estaba la elaboración de tortas, pan o alimentos análogos como gachas, derivadas de los cereales, trigo y centeno. No falta en casi ningún inventario los útiles necesarios para amasar el pan: “una artesa de masar”, “unas varillas”, “una cernedera”, “un cedazo” y “la pala de limpiar pan”.

Hay constancia que se labraba sembrando trigo, cebada y centeno, “una fanega de pan sembrado en los Prados”, “media fanega de centeno sembrado al Collado los Lobos”, “los barbechos que tenía para sembrar” o “las huertas Abajo sembradas de cebada a medias con Juan Martín del Guijo alcalde recién sembrada”. María González había aportado “una fanega de trigo en grano” y “tres cuartillas de harina”. También se apuntan cuando son deudas “media fanega de trigo al depósito”.

Las artesas sirven para amasar no sólo pan. Los embutidos y aderezos de la matanza se trabajaban en estos recipientes de madera. También en los baños. Sobre los alimentos se verá más adelante.

Preparando las fibras textiles.

No hay ni un solo inventario en que no aparezcan fibras vegetales para la elaboración de tejidos. Se trata de listas específicas. El lino, o la linaza, su semilla, la estopa y los estadios de elaboración hasta llegar al vestido quedan reflejados muchas veces. En ocasiones con anotaciones muy precisas, “cuatro pesas de lino en una cesta como de a cuatro libras en pelo”, “la banasta del lino”. A veces sale “una devanadera” o el “pie de una devanadera”.

Con estas fibras se confeccionaban todo tipo de ropas y tejidos. El listado, por minucioso puede llegar a aburrir, pero nos da una visión clara de las tareas en casa preparando estas fibras para ser utilizadas.

Hay que recordar que en Jerte había tejedores de oficio que, junto a la fábrica de tejidos de Tornavacas o la de sayales de Tabladilla, absorberían estas materias primas locales.

Basta con leer el de María González para darnos cuenta de los matices hasta llegar al hilado y al tejido:

“ 5 pesas de lino en pelo, como de 25 o 26 libras”, “8 ovillitos de hebras”, “7 varas y media de lienzo de tocados”, “56 o 57 varas de lienzo crudo”, “33 ovillos de lienzo y estopa”, “una vara de estopa”, “como 8 libras de lino en pelo no bueno que es lo que estaba en el cillero”, “como tres cuartillas de linaza”, “dos haces de lino machado”, “25 libras de lino en pelo”, “tres libras de estopa en pelo”, “siete çerros de lino machados”, “como una libra de lino rastrillado”, “otras tres libras de estopa en pelo”, “tres madejas de lienzo crudas”.

Aperos de labranza.

En todas las casas se dispone de lo básico para labrar la tierra a puro golpe.

Una azada, un azadón o un sacho para cavar. Alonso Sánchez tenía “cuatro azadas recién calzadas”

Un segurón[1], una segureja, o un calagoço[2] para cortar y desbrozar. Un segurón específico es el “raiguero”, para cortar raíces cuando se desmontan árboles.

Para faenas más específicas “un corvillo pequeño” para vendimiar.

Otros más específicos que aparecen son: “tres hierros de juracar banastas”, “una barrena orejera”, “dos barrenas clavijeras”, “un embudo de estaño”, “un badil”, “un colador”, algunas “cribas” o “una herrada de corcha con 6 majos en ella”.

Se apunta casi todo, incluso “una libra y media de hierro viejo”.

Y el apero de los bueyes, junto con rejas y vilortas. Alonso Lucas tiene “dos rejas”, “dos aperos de bueyes” y “dos trillos”. Hernando Montero “una reja y arado y yugo”. Debía llevar la carnicería[3] o algo así, por las herramientas que hay en su inventario, sin menospreciar las labores del campo: “unas tijeras”, “una azada”, “un serón”, “un harnero roto”, “un piçaporro de hierro”, “un calagoço”, “una segureja”, “dos barrenas clavijeras”, “una cincha nueva con un látigo de cuero”, “una escarpia de dos gajos”, “una hoz”, “dos corvillos”, “una barrena orejera”, “un peso de garfios con dos pesas de a libra”, “otra escarpia de dos gajos”, “un segur de carnicería”, “una azuela de peto pequeña”, “una podadera”, “una azuela de peto un poco mellada”, “unos pedazos de hierro de carranclas”, “dos vilortas”, “dos cabestros y un escoplo”, “dos cencerros deslenguados”, “un tajo de cuatro pies”, “un segurón”, la “reja, arado y yugo” que puse arriba.



[1] Segurón. Hacha. Si el hacha es más pequeña y manejera lo llamamos segureja.

[2] Calagoço. Calabozo o, como se le nombra aún en Jerte, hocino.

[3] El oficio de carnicería estaba regulado por el concejo. El carnicero tenía el privilegio de contar con hatos de cabras mayores que los vecinos. El dato que tuviera 30 cabras, el nominado segur de carnicería, “una pelleja de cabra comida de polilla” o, “unos pedazos de hierros de carranclas”, podría indicarnos que tendría o habría tenido ese oficio. La única “carpeta demediada” está en su casa.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Francisco García y María de Cepeda

Documentos civiles alrededor de 1600

En un lugar... de la Tierra de Plasencia 1600