Inventarios de bienes. 1599 y 1600. Enseres textiles de la casa y vestimenta.

 

Enseres textiles de casa.

Aquí se concentran los propios del dormitorio y descanso, colchones, mantas, sábanas, almohadas… y los relacionados con la cocina y alimentos, paños, pañizuelos, manteles…

De la cocina.

Nunca falta una tabla de manteles en cualquier casa. O varias tablas. María García aporta al matrimonio, cuatro. De servicio o uso y otras mejores. Juan Delgado tiene “unos manteles alimaniscos[1]” y “otros manteles viejos” Por ejemplo, en otra casa: “una tabla de manteles de lienzo viejo” y “una tabla de manteles de lienzo de gusanillo[2]”. Las tres tablas de manteles de Alonso Lucas son “manteles de estopa”, pero también tiene “dos tablas de manteles de pañizuelos cosidos de lienzo nuevo”. Baltasar Martín usa “unos manteles de 5 varas y media de lienzo”. En una ocasión se registra “una sobremesa vieja”

Los paños, con diferentes usos y funciones. Hernando Montero tenía “un paño de manos con sus franjas”, “un paño de manos deshilado con sus franjas nuevo”, “un paño labrado de colorado demediado[3]”, además de “4 pañizuelos de lienzo en tela”. El mencionado arriba Alonso Lucas tiene “un pañizuelo de Ruán[4]”. Francisco Martín “un paño labrado de seda negra”

Del dormitorio.


Cama elevada. Museo etnográfico de Plasencia.


En todas las casas hay jergones o jergas y colchones. Para descansar disponen de sábanas, mantas y almohadas, con sus respectivos almohadones y almadraques[5].

El único colchón que especifica de qué está relleno es el de Francisco Martín “un colchón lleno de trapos casi nuevo”.

Hay “mantas de cama” para todos los gustos: “una manta de las de Guadalupe”, “una manta de las de Tornavacas”. Otras, son más precisas: “una manta blanca de sayal de cama buena”, “una manta frazada”, “una manta de fusa verde”, “una manta de cabezal vieja”, “una manta de cama azul”, “una manta frazada colorada”, “una manta blanca de sayal”, “una manta de media grana” … muy específicamente se anota “una manta para adelante pardilla oscura nueva” en casa de Juana Gómez.

Sorprendente la anotación del inventario de Ana Gómez “una manta que está en la sepultura”.

El alfamar tampoco falta en ninguna casa. Puede ser un cobertor, una manta o una colcha. Se utilizaba como pieza de abrigo para cubrir la cama, pero también para cubrirse una persona sentada. Con la misma función estaría el “antelecho”, o la delantera, “una delantera de lienzo que es de dos piernas”.

Las sábanas “de estopa” parecen más frecuentes, pero también las hay de “de lienzo” Pero la que llama la atención es “la sábana de dos piernas”, que hace referencia al número de tiras de tela cosidas a lo largo que define su tamaño. Podría entenderse como de cama grande. Aparece una “sábana randada en lienzo”.

Las almohadas, almohadones o también cabezales son muy variados también. Sebastián tiene “una almohada de bocadillos llena de lana” y “una almohada labrada de negro de ramos vacía” parecido a lo que tiene Juan Delgado “una almohada blanca de bocadillos” y “una hoja de almohada labrada de negro”. También hay de diferente factura “una almohada deshilada llena”, “otra almohada de tejido colorado”, “dos almohadas viejas con randa”. A veces las fundas se hacen con dos hojas diferentes: “una funda la una hoja de terliz nueva”.

Otro objeto, con su funda correspondiente, es el almadraque o, si es más pequeño, almadraqueta. Una especie de cojín o colchón para sentarse o recostarse, por ejemplo, en el escaño, pero sobre todo en la cama: “una almadraqueta llena que está en la cama” El tejido con el que se confecciona es el terliz[6]. Un material o tejido de cercanía y resistente para la tapicería.

Vestimenta.

Es uno de los puntos más extensos y diversos.

Lo más habitual en esta época es la saya o sayuelo, y la camisa. Y hay diferencias entre varones y mujeres. Por poner un ejemplo María García llevó al matrimonio:

“Un camisón, dos camisas, un tocado (más 12 varas de tocado), una saya de palmilla, una saya verde, una saya blanca, dos pares de cuerpos, unas mangas blancas, ocho libras de estopa blanca, seis varas de lienzo y dos varas de paños”. Fernán García, su marido, aporta la indumentaria masculina “jaraguelles (zaragüelles) de tafetán, dos camisas demediadas y un capillo de pardillo blanquizo”. Es clara la diferencia de género.

Juana Gómez lleva al matrimonio “un sayuelo de contray sin seda casi nuevo, unos cuerpos de palmilla, unas mangas de media grana, dos tocados de lienzo, un algodón garruvillano nuevo, una camisa labrada vieja y una faja de contray casi nueva”. Su marido Francisco Martín aporta “una camisa labrada de azul sin ruedo, un algodón bueno, una camisa labrada de negro demediada, tres varas de tocados, una faja de contray vieja rota y otra faja de contray demediada”.

En el matrimonio, Isabel González tiene “una camisa labrada de colorado, un sayuelo guarnecido de media grana, una túnica de estopa, un paño azul para unas mangas, una cuarta de fusa colorada, un tocado de lienzo nuevo, una cofia colorada, una faja de contray”. Sebastián añade “una saya azul buena, una camisa deshilada, unas tobajas[7] de tocados, cuerpos y mangas colorados guarnecidos, un sayuelo de contray guarnecido y una faja de contray”.

Aparte de estas parejas, y para no repetir muchos de los ropajes, en los inventarios por fallecimiento, anoto algunos diferentes. Veamos.

“un tocador de lienzo de tres puntas”, “un camisón viejo”, “un cinto ancho”, “una faja de landilla azules nueva”, “unos cuerpos azules con unos ensanches”, “unos cuerpos de raso viejos”, “un cuello de lienzo nuevo”, “una caperuza de contray nueva”, “un tocado labrado de negro”, “una camisa randada negra”, “unas mangas coloradas de aguja burgaleses”.

Con estos ejemplos nos podemos hacer una idea de una vestimenta más colorida de lo que se podría pensar. Aunque en el día a día, en los trabajos cotidianos, las sayas y los sayuelos de palmilla, de estopa o lienzo serían lo habitual.

Dentro de este mismo apartado podríamos incluir los escasos adornos y joyas que se nombran.

En el listado de Hernando Montero, cuñado de Diego Merino regidor, hay “una sortija de plata y dos avellanas y siete u ocho corales”, más “una cofia de oro” “y un sartal con doce avellanas de plata y veinticinco corales”. Isabel González tenía “un anillo y dos vueltas de plata y corales y dos cruces”.

No hay más alhajas que se nombren.



[1] Alemanisco. Un tipo de tejido, usado mucho en el siglo XVII para mantelería y paños de cocina. De buen rendimiento y cierta calidad.

[2] Gusanillo. Punto de gusanillo, una forma de tejido sencillo de tejer que forma relieve.

[3] Demediado. Usado, pero no viejo ni ajado. De uso corriente, No nuevo.

[4] Ruán. Tejido de algodón que toma el nombre de la ciudad francesa de Rouen al noroeste de Francia.

[5] Almadraque. RAE. Cojín, almohada o colchón. Podría estar relleno de lana, paja u otro material.

[6] Terliz. Según la RAE es una tela fuerte de lino o algodón, por lo común de rayas o cuadros, y tejida con tres lizos. Dad la implantación de haces de lino, linaza, estopa, etc. en los inventarios, seguramente sería de lino las que estamos describiendo.

[7] Tobaja. Especie de toalla.


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