Los testamentos (civiles) hacia 1600
Casi el 19 % de los documentos de los protocolos de Francisco García de 1599 y 1600 son testamentos o codicilos.
La otra fuente de información testamentaria de esos años que
nos ha llegado son los conservados por la iglesia. Estos, mantenidos en el
archivo parroquial, se conservan por mandas instituidas sobre propiedades que
fundaron Memorias, Capellanías, misas anuales... Son puntuales y con saltos en
las fechas que no nos dan una idea cierta de cada año ni mucho menos. No
obstante, en aquellas que se conservan, al ser testamentos completos, se
mantiene toda la información que hizo el interesado al testar.
Por eso es tan interesante acceder a todos los testamentos de
esos dos años, sin filtro de mandas religiosas.
Y lo que vemos es lo que está presente en la sociedad del XVI
y XVII, mediatizada en toda su extensión por la religión católica. Y más
marcada en una población pequeña, por los estereotipos de la época. Todos los
testamentos responden a un patrón que se comentará más adelante, en sintonía
con las premisas del Concilio de Trento y la Contrarreforma católica. De ahí
las evidentes manifestaciones de afección a estos principios y a morir bajo la
protección de su fe, las largas mandas de misas por distintos conceptos, la
caridad cristiana en el reparto a pobres y necesitados, sobre todo parientes y
vecinos…
Es en esta parte final del testamento cuando aparece la
información civil que difiere realmente en cada uno. Al “mandar” diferentes cosas a las personas, nos establece parentescos,
nombra útiles o muebles, ropas, tejidos y vestimentas de su época. De lo que se
ponían y usaban a diario. De lo mucho o poco que tenían.
Dentro de este apartado llama la atención que varios de los
testamentos son póstumos a quien se supone los debe hacer. ¿Cómo es posible?
Cuando una persona fallecía, por enfermedad o accidente, y no daba tiempo a
testar, los parientes más próximos, por ejemplo, la esposa y algún hijo, se
conciertan con la presencia del cura para hacer el testamento del difunto y
quedar explícitamente escrito las mandas religiosas que habrá que hacer. Es una
verdadera escritura de obligación. Se asume que para la salvación del ánima del
difunto se deben celebrar el máximo número de misas y en el más corto periodo
de tiempo para minimizar la estancia en el purgatorio. Bajo esa premisa hay que
comprender cómo, bien asumido por el propio testador, bien por sus
testamentarios o deudos, se asignen a estos gastos una parte considerable del
capital que deja incluyendo bienes raíces. De hecho, no es casual la venta de
alguna propiedad, casa o heredad, para pagar los gastos del sepelio y las
mandas posteriores. Y eso dejando niños pequeños huérfanos que necesitarían de
todos los recursos para salir adelante.
Como curiosidades de este apartado podemos leer en la portada
de los protocolos de 1599 “Codicillo de
Magdalena de Vargas está en este protocolo y las capitulaciones de Fernando
Merino hijo de Fernando Merino y Magdalena de Vargas”
Cuando consultamos el folio 193 y 193 vuelto tenemos el
citado codicilo. El cinco de diciembre de 1599, ante el escribano y los
testigos consignados, Magdalena de Vargas “en
una cama enferma y a lo que parecía en su buen juicio” dijo que tenía hecho
el testamento ante el mismo escribano Francisco García el diez de noviembre de
1597. Pide que todo se cumpla excepto que tenía mandado a Mateo García,
clérigo, doce reales, “que lo revoca”.
Y añade algunas cláusulas más. Las 6 misas de san Dionisio, y
que se digan lo antes posible, dentro de un mes como mucho. A su nieta María,
hija de León de Vargas, “3.000 maravedíes
y una saya azul que ella tiene para que la vistan de ella” “y al umilladero que se hace en este dicho
lugar unos manteles de lienzo alimaniscos que tiene para el altar” y a su
marido Fernando Merino “todos los bienes
que al presente tiene, que no le quiten cosa alguna de ello mientras no se
casare”. Y como tenía puesto en el testamento como testamentario a su hijo
Rodrigo Merino y había fallecido, nombra a Francisco García el viejo junto con
su hijo Diego Merino de Vargas como testamentarios. Sigue indicando que “manda a
Elvira González, viuda de Pablos Ximénez, ocho reales”, “ y que los vestidos que ella tiene demás de la dicha saya lo den por
amor de Dios a pobres necesitadas y la saya negra y el sayuelo de contray y la
mantellina se vendan para cumplir su ánima”
Son testigos Pedro Martín Trabado (que firma porque Magdalena
no sabe firmar), Juan de León y Diego Toribio.
Es solo un ejemplo, pero, para página y media, aporta bastante
información que de otra manera no hubiera llegado hasta hoy.
Curioso también es que muchas de las mujeres que testan, en
el margen superior derecho donde anota brevemente el escribano de qué trata el
documento, pone “la de … (nombre del
marido)” Un indicador más de preponderancia masculina en los papeles jurídicos
de esa época. Aunque dentro, aparece claramente la otorgante.
Relación de Testamentos y codicilos:
|
Fecha |
Persona |
Observación |
|
9 ene 1599 |
Ana Martín |
Mujer de Francisco Martín |
|
11 ene 1599 |
Juan Beato el viejo |
|
|
17 feb 1599 |
Leonor de Vargas |
Mujer de Fernando Montero |
|
8 nov 1599 |
Juan Beato el viejo |
|
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14 nov 1599 |
Hernando Delgado abintestato |
Testó su padre Francisco Delgado |
|
14 nov 1599 |
La de Alonso Ximénez, abintestato |
Ana González, hecho por los parientes |
|
6 oct 1599 |
María García |
Viuda de Francisco Montero |
|
9 oct 1599 |
Domingo Zancudo |
|
|
11 jul 1599 |
Catalina Donaire |
|
|
20 ago 1599 |
Catalina González |
Mujer de Francisco Gómez |
|
21 ago 1599 |
Diego Merino |
Hijo de Diego Merino |
|
22 ago 1599 |
La de Juan Martín del Guijo |
María Ximénez |
|
25 ago 1599 |
Alonso Lucas |
También 27 ago y 8 nov 1599 |
|
5 dic 1599 |
Magdalena de Vargas |
Codicilo |
|
10 dic 1599 |
Sebastián Muñoz |
|
|
21 dic 1599 |
La de Pedro Durán |
María González |
|
27 dic 1599 |
Hernando Montero abintestato |
Hecho por los parientes |
|
15 abr 1600 |
Juana Gómez |
Mujer de Francisco Martín |
|
16 abr 1600 |
Magdalena Fraile |
|
|
16 abr 1600 |
La de Alonso Sánchez abintestato |
Por su mujer Ana Gómez |
|
6 ene 1600 |
La de Juan López |
Isabel Gallega |
|
6 ene 1600 |
María López |
Mujer de Fernán García el mozo |
|
14 ene 1600 |
Juan Lucas |
Hijo de Juan Lucas |
|
10 feb 1600 |
Alonso Ximénez abintestato |
Hijo de Llorente Ximénez |
|
26 feb 1600 |
Martín Montero |
|
|
29 feb 1600 |
La de Juan Mateos |
María Ximénez, viuda |
|
9 may 1600 |
Andrés Luis el viejo |
|
|
12 ago 1600 |
María de Beato |
|
|
9 ago 1600 |
Ana Ximénez |
Viuda de Juan Méndez |
|
11 ago 1600 |
Juana Ximénez |
Mujer de Pedro Martín de Hervás |
|
28 ago 1600 |
Juana Sánchez |
Viuda de Diego Cruz |
|
25 jun 1600 |
Catalina González |
Viuda de Pedro Martín de Hervás |
|
11 jun 1600 |
Pedro Martín Trabado |
|
|
9 jun 1600 |
Inés González |
Mujer del Guillén (Francisco Ximénez
Guillén) |
|
20 sep 1600 |
Catalina Lucas |
Mujer de Fernán García el viejo |
|
1 oct 1600 |
García Gómez |
|
|
4 oct 1600 |
Hernando Merino |
|
|
11 oct 1600 |
Alonso Sánchez |
Codicilo, y 19 oct 1600 |
|
23 oct 1600 |
Cristóbal de la Cruz |
|
|
30 oct 1600 |
Baltasar Martín |
Codicilo |
|
10 oct 1600 |
Juan del Barrio |
|
|
10 oct 1600 |
Juan de León |
|
|
12 oct 1600 |
Diego Cruz |
|
|
14 oct 1600 |
Juan Martín Casas |
|
|
14 oct 1600 |
Juan Delgado |
Varios |
|
12 nov 1600 |
Alonso Montero |
|
|
9 nov 1600 |
Baltasar Martín abintestato |
Sus sobrinos |
|
5 dic 1600 |
La mujer de Juan González Asensio |
Catalina de la Cruz |
|
2 dic 1600 |
La de Pedro Gallego abintestato |
Catalina Muñoz viuda, su hijo y yerno |
|
16 dic 1600 |
María González |
Mujer de Juan Rodríguez |
|
20 dic 1600 |
Fernando Montero |
|
|
15 dic 1600 |
Juana Sánchez |
Viuda de Domingo Zancudo |
|
24 dic 1600 |
Alonso Montero |
|
|
24 dic 1600 |
Del Santero (Pedro Santero) |
Casado con María González |
|
28 dic 1600 |
Diego González |
|
|
29 dic 1600 |
Gonzalo Prieto |
|
|
30 DIC 1600 |
Magdalena Hernández |
Mujer de Gonzalo Francisco |
|
27 dic 1600 |
Amador Ximénez |
Codicilo, como medio tachado |
Si pensamos que, dentro de cada uno encontramos un sinfín de
datos, podemos concluir que son una verdadera fuente de información para
conocer la realidad jerteña de esa época.
Por ejemplo, ¿dónde se enterraban dentro de la iglesia?
Solo contando con los casi 50 testamentos que indican dónde
quieren ser enterrados, los codicilos ni los abintestatos lo indican, podemos
deducir algunas tendencias.
La iglesia estaba dividida en cuatro cuartos: coro, capilla o
cimero el primero; segundo; tercero o de en medio, y hondonero, el último en
salida hacia la puerta de la torre.
En el cimero se entierran tres personas. Juan Beato el viejo “en el coro junto a la sepultura de mi yerno
Pedro Toribio”, María de Beato “en el
cuarto cimero de la capilla donde está enterrad mi madre”, y Diego Merino
hijo de Diego Merino regidor y nieto de Hernando Merino y Magdalena de Vargas, “en el cuarto cimero donde están mis agüelos
enterrados”. Es la zona más cara y de prestigio social. Pero cerca de sus
deudos, que es el criterio más generalizado.
En el cuarto segundo, es “donde
está el altar del crucifijo”, “frontero
de la puerta principal”, y es el que tiene mayor éxito. Bien por sus
parientes difuntos “donde está mi hijo
Pedro enterrado”, “junto a la
sepultura de mi hija Catalina González” o “donde está enterrado mi hijo Juan García
que sea en gloria”; bien por la cercanía a la puerta de entrada principal,
y en algún caso donde habitualmente se sientan. Catalina de la Cruz, mujer de
Juan González Asensio “en el cuarto
segundo donde yo me siento”, y Andrés Luis “en el cuarto segundo junto a donde yo me siento”
En el tercero o de en medio prima la proximidad a sus
allegados. Leonor de Vargas “junto a la
sepultura de mi hermano”, Isabel Gallego “en el cuarto tercero de a parte de abajo junto a donde está enterrado
mi hermano Juan Gallego”, María López “a
donde están mis padres enterrados”. Otros por la cercanía al altar
colateral, Juan Lucas “debajo del altar
de Nuestra Señora”, o Domingo Zancudo “en
el cuarto tercero debajo del altar de la Pasión donde está mi padre enterrado”.
Juana Gómez “en el cuarto del medio a
donde sienta la mujer de Fernán Rodríguez mi cuñada”
El cuarto hondonero, algo menos solicitado, tiene más
arraigado el sentir familiar. Muchos donde están sus padres, su marido, familiares,
en definitiva. Y no pesa tanto la posición social. De hecho, Juan del Barrio o
Pedro Martín Trabado se entierran en esta zona de la iglesia. O Inés González, “mujer del Guillén”, que se entierra “en el curto de en medio”. Mujer de
Francisco Ximénez Guillén, con peso económico en la población.
Mención especial para Catalina Donaire que pide sea enterrada
“en la nao hondonera junto a las andas de
señor san Marcos”, o Hernando Montero, que lo pone en manos de su mujer “en el cuarto que más lugar oviere donde mi
mujer señalare”
La conclusión sobre los testamentos es sencilla. Son una fuente
inestimable de información que nos retrotrae a esa sociedad cotidiana cuando
Cervantes andaba escribiendo El Quijote. Pero con datos, concretos, de nuestro
pueblo.
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