Hospital de Xerete. siglos XVI y XVII
El Hospital de Xerete.
Ya en el siglo XVI, o quizás antes, Jerte contaba con lo que se conocía
como “hospital”. En realidad, se trataría de una edificación básica para acoger
a los transeúntes pobres que recorrían nuestra población por el camino real y
eran sorprendidos por la noche o por alguna enfermedad. Posiblemente estaría en
la única calle del pueblo.
En la documentación revisada hay decenas de referencias al mismo,
fundamentalmente en los testamentos con donaciones específicas o estandarizadas
hasta el XVIII, como una costumbre en casi todas las mandas de difuntos. En
estos mismos libros de difuntos encontramos personas que mueren en el hospital
de Jerte y en casillas que, por el testimonio de “sus compañeros” nos
aporta la información de cuadrillas de trabajadores que hacían la ruta Galicia,
Castilla, Extremadura, Andalucía y su regreso en campañas de labores agrícolas.
También en algunas partidas de bautizados. Llama la atención algunas
embarazadas que dan a luz en el hospital a principios del XVII:
·
1 de noviembre de 1603. Se bautizó un niño de una mujer
en el hospital del lugar, al que se puso Manuel, de padre desconocido. Fue
su padrino Diego Hernández. (No se recoge ni el nombre de la madre)
·
10 de abril de 1610. Se bautizó a Gonzalo, hijo de
Pedro Rodríguez y Luisa de Villegas “estantes en el hospital de Xerete”.
Fue su padrino Francisco Durán.
·
28 de agosto de 1614. Se bautizó a María, hija
de Pedro Rodríguez y María Álvarez, vecinos de Casarrubia del Monte (al
norte de Toledo), “estantes en el hospital de Xte”. Fue su
padrino Martín Sánchez.
·
9 de enero de 1620. Se anotó en el libro de bautizos a María
de Acosta, estando bautizada de socorro por Diego Hernández sacristán de
Santiago de Aravalle. La madre era María de Acosta, de Lamego en
Portugal, viuda de Andrés de Almeida, también oriundo de Lamego, Portugal.
Fue su padrino Juan Carrión, mayordomo del hospital[1]. Testigos el
padrino, Hernando Florido y otros.
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[1] Cualquier organización:
Concejo, iglesia, cofradía, hospital… tenía su mayordomo con unas funciones
claramente establecidas como ya se ha apuntado en otras entradas. |
Cualquier entidad local, excepto las más pequeñas, contaban con este
servicio caritativo. El de Jerte sería equivalente al de Vadillo en un
principio y de menor rango que el que hubiera en poblaciones más pobladas como
Cabezuela o Tornavacas. La fábrica (edificación) del mismo sería mucho menos
importante. También con menos presupuesto. Básicamente de la caridad.
Y aunque se recoge en las respuestas que dan las autoridades en el Catastro
de Ensenada (1753): “A la trigésima digeron que en esta
villa no hay hospitales algunos si solo la Casa que tiene por propio de
ella para Hospedería de Pobres viandantes pero no tiene renta ni situado ni
tampoco se les mantiene ni da otra cosa que el hospedaje”, o en
el Interrogatorio de la Audiencia de Extremadura (1791):
21ª “que sólo hay una casa hospital que sirve únicamente para que en
ella se recojan los pobres viandantes sin renta ni dotación alguna”. En
algún otro documento oficial se recoge que realmente supone una carga para el
concejo pues asume los arreglos para que esté en medianas condiciones.
Después del incendio en 1809 no parece que se restablezca.
Sin embargo, en los documentos más antiguos se hacen donaciones puntuales
que son de interés que demuestran el cuidado que los jerteños de esa época le
daban a encontrar en el camino un alojamiento necesario para los más
necesitados.
Lo normal era dejar la misma cantidad a la parroquia, al hospital y a la
ermita de la Magdalena. La mayoría de las veces medio real. En alguna ocasión
un real. Mientras a las obras pías se dejaban 8 maravedíes. Sirvan como
ejemplos de los muchos que hay de 1599 y 1600:
Magdalena Hernández, mujer de Gonzalo Francisco (1600), Leonor de Vargas
(1599) o María González viuda de Pedro Durán:
“ítem mando a la iglesia deste dicho lugar medio real y
a la bendita madalena otro medio y al hospital otro medio y a las obras pías
ocho mrs”
El clérigo Juan González en 1569 deja igualmente “a la
hermyta de santa maría madalena deste dicho lugar medio rreal y al
hospital del dicho lugar otro medio rreal”, pero cuando establece
un Vínculo sobre sus propiedades articula que si sus herederos
no cumplen con las 2 misas de mayo se les cargue una pena de 1 ducado (11
reales) y “que el cura desta iglesia lo mande dar al hospital deste dicho
lugar”
Tanto Gonzalo Prieto, como Juan Beato el viejo, en esas fechas dejan 1 real
para cada entidad.
María González, mujer de Juan Rodríguez sin embargo deja 4 reales al
hospital del lugar.
Otras mandas específicas estaban en función de dotar adecuadamente la
estancia de los viandantes menesterosos:
En el testamento de Diego González: “al hospital una manta de
las de Tornavacas que valga ocho reales”
O Juana Gómez, mujer de Francisco Martín, manda “ítem mando al hospital
deste dicho lugar un alfamar viejo que yo tengo”, además
del consabido medio real que daban todos.
También Juan Lucas, hijo de Alonso Lucas en 1600 “ítem mando al hospital
deste lugar diez reales para comprar una sábana para
las camas”
Isabel Blázquez, en 1582… “Ytem mando a la iglesia deste lugar de Xerete
dos reales y al hospital una sábana de estopa y a ala madalena
dos reales de este lugar”
Incluso en un documento tan importante como es el Concierto entre
Vadillo y Jerte en su deslinde de 1612 de los
términos de uno y otro pueblo, las sanciones más fuertes que se estipulan, de
30.000 maravedíes (882 reales) tienen como finalidad socio religiosa: “al
consejo o vezino particular que contra ello fuere, rrepartidos en esta manera:
la mitad para la cámara de su magestad y la otra mitad para el concejo
obediente y no fuere contra ello, y esta mitad se destribuya por iguales partes
la mitad para la fabrica y rreparo de la yglesssia del tal lugar y la
otra mitad para la fabrica y rreparo y ornato del hospital del dicho lugar”
La mitad para la Hacienda Real, y la otra mitad repartida entre la iglesia
del pueblo y el hospital de pobres viandantes.
Es evidente que, sobre todo a finales del XVI y hasta mediado del XVII se
dejan cantidades para el mantenimiento del hospital de viajeros pobres y
necesitados.
Pero en algunos testamentos de la segunda mitad del XVII desaparece la
dotación del hospital. En su lugar se lee: “y mando a las obras pías y
rescate de cautivos lo acostumbrado que es a medio real a cada uno” (1683.
Testamento de Fernando Arias).
Pero ni las fundaciones de las hermanas Heredia (1677) o la Capellanía de María
García la andaluza (1704/1711) dejan nada específico para el hospital. A pesar
de los bienes que poseen. Sin embargo, esta última deja 4 reales para el
rescate de cautivos.
La falta de información precisa y completa (los libros de difuntos que se
conservan arrancan en 1731) dificultan conocer con fiabilidad los fallecidos en
el hospital con anterioridad. Pero lo mismo que habría alumbramientos, con más
frecuencia se darían las defunciones. Para el periodo de 1731 a
1755 se recogen al menos 8 de estos decesos en el hospital jerteño:
·
7 de febrero de 1731. Se enterró un pobre del hospital en
el portal de la iglesia.
·
24 de octubre de 1731. Francisco Muñoz Mayas,
sastre que procedente de Cabezuela. Se le enterró “entre los bancos”. Pobre
en el hospital.
·
28 de marzo de 1734. Pobre del Hospital. Entierro
de limosna.
·
29 de noviembre de 1735. Andrés, de Galicia. Se
enterró “entre los bancos”. Pobre del hospital y entierro de
limosna.
·
9 de septiembre de 1736. Tomás Rodríguez, casado
con María Alonso, naturales de Astorga, lugar de Baños. Se le
enterró en la “tribuna”. Pobre del hospital. Tenía cinco
hijos.
·
16 de noviembre de 1741. Pobre de solemnidad del
hospital. Se le enterró “entre los bancos”.
·
18 de noviembre de 1741. Pobre de solemnidad del
hospital. También se le enterró en el mismo “cuarto” de la iglesia.
·
10 de marzo de 1755. Diego, pobre del hospital.
Natural de Lagunilla, tierra de Coria y vecino de Hervás. Se le
entierra en el cuarto del “medio”.
A mediados y finales del XVIII, las actas de difuntos no
recogen observaciones ni dotaciones al hospital. La fórmula asentada en las
actas de defunción se refiere exclusivamente a las obras pías y rescate de
cautivos, asignando “lo acostumbrado”, sin especificar más.
Y aunque sigue funcionando el hospital, como lo demuestran las respuestas
del Catastro o del Interrogatorio, parece más ligado al ámbito civil del
Concejo, manteniéndose durante un tiempo, al menos hasta su desaparición por la
quema del pueblo, que se llevó por delante además muchísima documentación.
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